“La reducción de la Ansiedad a través de la Tercera Cultura a partir de una Experiencia Adaptativa trascultural sin existencia de Aculturación”

El texto anterior, Lo mexicà en Catalunya o los pliegues de la memoria, es una forma literaria para explicar la formación de mi yo cataluño, renunciando al yo mexicano y, pasando antes, por el yo gachupin (o español). De manera que, “rápida e imperceptiblemente”, la consecución de una nueva identificación obedece a ciertas teorías de comunicación intercultural. Las tres teorías que sirven para explicar el proceso que experimenté son:
Teoría de la Adaptación Comunicativa Transcultural: Describiría y explicaría que la forma de adaptarse a la nueva cultura es necesaria la capacidad para recibir la información del nuevo contexto cultural, aprender la lengua y la habilidad necesaria para enfrentarse a nuevas normas y significados. Según sus autores, Kim y Gudykunst (1987), es imprescindible tener la capacidad para recibir y procesar efectivamente la información de la sociedad receptora, capacidad que estos autores llaman competencia comunicativa. Esta competencia se divide a su vez en tres tipos de competencia: la cognitiva, la afectiva y la operacional. La primera se refiere al conocimiento de la cultura y la lengua del país de acogida, la competencia afectiva se refiere a la capacidad de motivación para enfrentarse a los diferentes retos (habilidades para entender, empalizar…), y la competencia operacional se refiere a la capacidad para actuar.

Teoría de la Construcción de la Tercera Cultura: Basada en el Interaccionismo Simbólico, propone que tras la interacción de dos culturas se construye una nueva con elementos compartidos de sus predecesoras facilitando así la comunicación. Según esta teoría, debe construirse de forma cooperativa una tercera cultura que facilite una comunicación intercultural más efectiva. Para lograrlo, los participantes deben tener la posibilidad de negociar sus diferencias culturales y es deseable que así lo hagan. Los participantes deben ver como beneficioso el converger, adaptarse y asimilar los valores de una tercera cultura y es necesario y deseable reconfigurar las diferencias culturales individuales como resultado de la relación. En consecuencia, la construcción de una tercera cultura debe ser un proceso interactivo y mutuamente beneficioso para los participantes. Así, la presencia de una tercera cultura facilita el desarrollo de maneras nuevas, efectivas y aceptables de beneficiarse de las relaciones aportando bases comunicativas comunes.

Teoría de la reducción de la Incertidumbre y la Ansiedad: Propone el control de la ansiedad que se produce en el momento inicial del encuentro intercultural y que dificultaría la comunicación
Creo que ninguna es la única buena y que las tres se podrían complementar, unificar y buscar nuevos factores que nos lleven a la enunciación de una nueva teoría.

Teoría de la reducción de la Ansiedad a través de la Tercera Cultura a partir de una Experiencia Adaptativa trascultural sin existencia de Aculturación.

Pomposo título que imbrica las tres teorías y añade una puntualización ad hoc. Vendría a ser, más bien, una suma de las tres; pero eso sí, la aculturación se rechaza antes de comenzar el proceso. Tenemos pues fuera del mapa una aculturación entendida como el resultado mustio y desaborido de ceder ante una cultura nueva a expensas de la propia. Es decir, la meta sería no perder ni un ápice de la cultura de origen en relación con la nueva cultura acogedora. Aunque resulta obvio, conocer una nueva cultura conlleva una modificación de la escala de valores del individuo y, de forma más metafísica, una ampliación del alma. O una nueva alma, que llamaremos identificación (en lugar de utilizar el término identificación) Creo que se debe aceptar nada más aquello que sólo pueda tener como resultado una ampliación, reestructuración, reafirmación positiva de la escala de valores y del conocimiento.

Aunque occidente está muy relacionado con el concepto de degeneración que predomina incontestablemente en el mundo actual. No creo que exista un proceso involuntario de degeneración que puedan verse sometidos los recién llegados. Empero, muchos escapan de la degeneración de un sistema empobrecido y brutal. Por eso, la teoría que postulo borrosamente, conseguiría hacer al individuo fuerte ante la destrucción de su esquema cultural. En un principio, la supervivencia y la resistencia de la propia cultura puede ser un factor socializador. Por último, lo más importante es dotar a la persona de aptitudes para que la modificación y la adaptación de su cultura nativa sea lo más encaminada a reportarle beneficios con la integración.

No hay que pedir que se modifique, pero si que amplíe su escala de valores y que allá donde fuera, nuestro hipotético individuo con las competencias comunicativas rehabilitadas, haga lo que viera. Así la regeneración sería la única forma de combatir ese sentimiento de degeneración que se puede experimentar al venir de lugares con otra escala de valores.

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