El primer y último poema de la paradójica luciérnaga lucífuga



Y aunque son tiempos para cantar a lo que queda de vida:

"El primer y último poema de la paradójica luciérnaga lucífuga"

Me da pena escribir poesía
no pena con cobardía, ¡No!
es menos trágica, empirista.
Absurdas y entretejidas
las maquinaciones requeridas
intrincadas paradojas, ¿Cómo qué?
Como aladas luciérnagas lucífugas.

¿No soporto más mi luz!
¿Qué es lo que no te deja?
¿Acaso es falta de alegría?
Esta búsqueda de grandeza,
infructuosa desde lo alto,
pues bien sé que vuelo bajo.

Se me antoja arriesgado
aprender a galopar,
lo mío es el trote altivo
donde jactancia abofetea a locuacidad

¿Qué te puedo yo decir?
¿Qué te puedo yo enseñar?
Nada se aún, ¿Nada?
¡Nada sé, sólo soñar!
y sueño con descontento
amarillento y solitario.
desgastados cavilamientos
me asaltan puñal en mano.

¡No puedo más!

Es esa básicas falta de guía,
me pierdo en los caminos soñando
y sueño con el sustento
de poetas y pajarracos,
mágico alpiste enrarecido
que causa al poeta su vuelo,
y no es nada metafísico,
sino musa, inspiración y descontentos
mi acética alma, corazón y dudas
en papel no se verán
pues la tinta, sangre química
en vano se habría de derramar
¿En vano?
¡A escribir poesía me niego, esperaré otros mil años!

¡Podría pero no puedo!
una arrogante paradoja mas
pues a esa luciérnaga, le temo.
Como a mi luz, ¿O más?

Pero la luz sabe de todo
y sintiéndome así obviado
desdeñoso intento hago
triste y falto de talento,
mi creacionismo, muy forzado.

El arte muere al instante
al ser seducido y cortejado
por este efímero poeta,
el inculto poeta errante.

¡Ay la luz!

ALBERTO NORIEGA DEL CASTILLO, 2003.



De la paradójica luciérnada lucífuga, todos los derechos son míos, míos!!!!

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