El Extraño Don (nomás la puntita)





Borrador del nuevo libro / personaje El Extraño Don


Se había vuelto loco... Se levantaba a las seis para saludar al sol, todo le malvibraba, algo que lo expelía con repulsa de su paz interior, que de tan turbable era una puta guerra constante.

Decía lo que le venía primero a la cabeza, como los niños. Era el extraño Don, o Don el extraño. Sus amigos lo llamaban Doni, los demás el extraño Don.

Iba a sentarse en perfecta flor de loto por los mercados al aire libre, donde la ropa holgada de telas baratas se vendía como en ningún San Francisco de Asis (mayorista de telas cancunense, aunque también aquel que cantaba a los animales eso de "hazme un instrumento de tu !PAS!", --perdón me distraigo más que un cura a la hora del recreo de una escuela como el cumbres del 93 al 2000, buena promoción---

Así, Doni era un hippie-anarco que utilizaba la plusvalía como herramienta para sus trafiques diarios, aunque no lo decía, era claramente anti obrero, pues tampoco le apetecía en lo más mínimo ponerse a trabajar.

Ahí, en su trabajo, su trafiqueo a escala artesanal, el extraño Don tenía eso, era artesano, sanador, redentor de los ansiosos y necesitados de vicio, pues también aplicaba un buen margen como intermediario y organizaba buenas fiestas. Así Don, el extraño, era una contradicción con rastas.

En sus tiempos libres cortejaba en las manifestaciones a mujeres rubias (punkies, rastafaris, antisistema, drogodependendientas), velando siempre por poner antes un ojo furtivo en las axilas, claro indicativo de lo que se podría encontrar, ¿encontrar dónde? Allá abajo, dónde más. Pues era obvio que a este señor le placía más que estuvieran depilados. Nudista y naturista, ecológico y bioético, no paraba de meterse todo tipo de drogas, con o sin prescripción médica.

Últimamente andaba un poco bajo de fuerzas. La ciudad, según él. Era una cosa que enloquecía a todos los que se le acercaban. No era el único, todos sus vecinos eran una contradicción, un equilibrio entre lo bueno y lo malo de occidente y oriente. Pero como filtro sólo la cerrazón del occidental africo-mediterráneo (el autor muerde la mano e insulta al país que le ha dado... algo). Occidente: para él, era un lugar incómodo lleno de comodidades donde todos eran propensos a reventar de una enfermedad, crisis, locura o enfermedad psicológica diversa.

Pero tenía tan buenos amigos, tan fieles, tan competitivos, lascivos e hirientes a la hora de hablar de cosas serias, en eso sí que Doni el extraño era el mejor de todos, él, como nadie, era capaz de convertir todo en humor, así sólo bromeaba con las cosas serias.

Extraño lo del extraño Don, aquel joven vividor tenía sus cosas. Podía bailar y hacer reír a mamíferos por igual. Buscaba la música a ras del cielo estrellado, defendía a su patria, a sus amigos, a su perro, a su familia, a su casa y a su mujer, en ese orden.

Además de ser de lo más peculiar, pues comenzaba a verse lleno de dudas, deseos capitalistas, juicios racistas y ya no sabía como encajar tanto caos, más bien quería la estabilidad que veía en otras personas que habían decidido dejar de patalear tanto y, una vez enseñado a penar, poder dejar de pensar un poco, y sólo así descansar.

Y cuantas cosas más pasan cuando paras de pensar.

Esa meta es la que Don, Doni, el extraño, estaba a punto de lanzarse en su consecución. Así, empezó a ir a yoga, pero ver culos se volvió más importante, aunque se volvió más flexible, también un tanto obsesivo en cuanto a ver sexos femeninos en calas nudistas que invitaban a esa meditación que su libido le impediría todas las veces que lo intentaba.

Luego, empezó a fumar y defender el acto como un medio para algo. Ciego, cuenta no se daba del círculo vicioso y de todo el tiempo perdido. Después su muerte, el momento en que comenzó a combinar demasiado tabaco en los porros que debían hacerlo entrar en un estado más meditativa y trascendental, fumaba tanto que ya daba igual el acto sagrado de fumar, algo que se sabe es mejor si se hace sólo una vez, o muy espaciado...

Don fumaba diario, y los "intelectuales saben que no puede hacerse más que una vez al día", se decía, citando a Escohotado, sin saber a quién citaba,  y sabía que no podía, y se vencía, y era quejicoso y cansino, y empezó a serlo todo, según su humor a la hora del día, y las personas se alejaban; orgulloso, decidió alejarse también, intentó dormir y copular en una furgoneta, pero hacía mucho calor.

El extraño Don era una persona que quería vivir cada día su sueño, así también tenía cada día a una mujer en su cabeza para soñar. Cosa que hacía que descuidara un poco el intelecto, siempre andaba buscando leer, pero no podía concentrarse, pensaba en cosas más importantes, creía.

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