2004. Editando el pasado. Carta a sol de invierno.

Mí querido sol de invierno:

A veces entre dos personas que se quieren se da el siguiente fenómeno: cada uno procura ocultarse del otro, pero cada uno adivina al otro y se conocen y se quieren por lo que son, a pesar de que cada uno pretende ser querido por lo que no es...

Maeterlinck me ha dicho eso y también me dijo otra cosa Honoré de Balzac, desde que tienen teléfono están pesaditos, que si por favor podrías no ser una plagiadora apócrifa dándole el reconocimiento por su frase: “La resignation est un suicide quotidien”. Y más vale que sea ya (me lo dijo ayer y estaba muy molesto). La resignación no es más que la costumbre de sufrir.

Dicen por ahí los aleccionadores de la vida (?) que más vale ser reprendido por el sabio que seducido por las adulaciones de los necios... O más latinizado… Meliu est a sapiente corripi quam stultorum adulatione decipi.

Pero, mira, a mi aduladores necios no me engañan y mi madre que va de sabihonda mujer conservadora mexicana no se da cuenta que me provoca, sin quererlo, todo lo contrario: una animadversión psicológica que transmitiré como trauma a mis infantes si no lo puedo subsanar primero.

(ABAJO LO ADJUNTO)

Menos mal que tengo a mi padre que aunque es algo lacónico me hace sentir... No lo sé Daría. Se han distanciado ellos con la excusa de que me lo merezco. Pero están más lejos de lo que quisieran, sólo es eso. Multiplicado por los kilómetros.

Pero bueno, todos creen que voy de genio arrogante y chico listo, pero el genio no es más que una gran aptitud para la paciencia, la tolerancia y la duda (tengo muchas dudas). Así que sí, aptitudes para lo genial tengo.

¡Qué piensen lo que quieran! Ya me acostumbre a que sea lo más absurdo, siempre es una ventaja. Mientras piensan todos lo más absurdo uno puede hacer lo que le parece, y eso es lo que más le conviene a uno que no sepa nadie.

Sí alguien me entiende eres tú.

Me han dado mi cita para diciembre en Extranjería, para lo del permiso de trabajo. Así que me pueden joder la Navidad. Aunque ayer hablé con Leónidas, mi mejor amigo. ¡Vaya acento fresa cancunense que tiene! (por cierto, me veo en Navidad con ese muchacho, lo presiento ya desde estas fechas), he ido hoy a la Uni (Hip! hip!... Hurra) empiezo con las clases y con un desfase tècnic/administratiu (cat.) considerable, me he matriculado a una más “Teories i tècniques del Fotoperiodisme” y he corregido mi horario (aunque se me solapan todavía tres asignaturas varias veces... irremediable caos) y me clavaron en las espaldas 67 Euracos más inesperados. Conclusión académica: Este año debe de ser más serio. Universitariamente, no tomármelo como mexicano pragmático v.s. profesor funcionario, pero tampoco le veo más pies al gato. Hoy leo cuentos en catalán. En la masía me han tratado muy bien, eramos quince personas en una casa muy grande. El primer dia casi me desmayo, una muy buena pálida. Es más, no podía ni conmigo mismo, los demás fueron mejores con los perros libres por ahí, jugando todo el tiempo, Toni y sus juegos, haciendo un gran fuego, excursiones, guitarreo, tonterías, cocinando y lavando... Además de que iba uno de mis compis de piso y el hermano del otro. Recreativo pero no me lo pasé genial tampoco. Mi cabeza no me da tregua, estoy atoradísimo con lo de Barcelona y mi circunstancia. Aprieta pero no ahorca, aprieta pero no ahorca… ¡Ayy los abuelos!

El 22 de Octubre me quedo sin muebles, desamueblado. Se los lleva Mandra, creo que haré algo de carpintería en casa y buscaré muebles por los contenedores.

Si algo he aprendido es que no hay nada tan insoportable como el reposo: sin pasiones, quehaceres, divertimentos, aplicaciones. Porqué entonces uno siente su nada, su abandono, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vacío. Emanan del fondo del alma el aburrimiento más tedioso, la melancolía, la tristeza, la pena, el despecho, la desesperación. No entiendo como no me entienden. Seré por que realmente soy un mal escritor y digo poco en muchas palabras y debería decir mucho en pocas; falta de empatía... No lo sé pero me avergüenzo de lo que soy cuando no puedo hacer nada. Ni escribir.

Solecito invernal ilumíname aunque no me calientes.

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