Homenajes en vida, el día de los muertos asilvestrados

Los medios nos traen la muerte al comedor, la sirven a su manera, tragamos y nos inmunizan, nos separan de ella. Vivir para morir bien muerto, morir como uno vivía. Vivir es morir, y ambas son una búsqueda por la que vale la pena movir o virir.

Despojada de todo su misterio no nos aguza la intuición, ni ese constante deleite, vivir con fruición. Ni pensamos más en ella al verla en todos sus formatos. Más bien, nos alela y nos aleja más, nos lleva a otras conclusiones, lejos de lo que es la vida. Muerte que no es vida, valga la redundancia. Supinamente artificial, es eso lo esencial, la gente ríe en las películas de zombis.

Vivir, eso que la mayoría teme profundamente. Sus consecuencias... Somos perfectos salvajes que no sabemos ser salvajes. Salvajes no. Más bien, quisiera decir algo así como... Asilvestrados. Sí, cada día conectamos más con nuestra parte silvestre, salvaje, porcina, jadeante, puñeteramente errante.

Así, sobrevivir, vivir, desvivir y revivir, son parte de la muerte. Ella puede llegar de muchas maneras y presentaciones, somos tan frágiles, ñangos, exangües. Amamos demasiado respirar como para poder soportar ver cuerpos rígidos e inertes, lívidos, en descanso, pacientes... Lo nuestro es lo animado, lo húmedo y trémulo, lo sensualmente bello, los jadeos, tú lo entiendes...

Tres puntos...

Prefiero ver calaveras azucaradas con mi nombre, saborear copiosas ofrendas para muertos que acaban en el estómago de los gordos vivientes. Eso es rendirles homenaje y, ya que estamos, reunirnos en la aceptación de que todo es 'de prestado' y que no sabemos 'de nada'. ¿Cuál será la verdad de los no vivos?, ¿qué dicen los que ya están bien muertos?, hay muertos ausentes o desaparecidos, los hay siempre presentes, los hay chocarreros o, aquellos pocos, que saben que se han ido a vivir en el perpétuo secreto de vivir en lo más trascendente, oséase nomás, vivir en un misterio entrópico que de luz a la zumbante confusión constante....

Muerte.

En México es la Santa Muerte, tatuaje bien presente en carceleros de 'buena muerte', se le achacan poderes mágicos, protectora de los achaques de los que viven a punta de amenazas, balas y pistolas. Cuyo juicio es siempre el mismo, siempre es muerte.

Hay monjes que te dicen "si quieres te lo escribo pero, ¿quisieras saber justo en qué dia te mueres?". Para que ir a buscarlos, mejor vivir buscando su halo.

Igual, debido a que en México "quien bebe tequila o canta o resuelve", muchas cosas se resuelven en México con muerte en sus ponzoñosas presentaciones.

Otros saben que cuando en un sueño violento, de esos con sudores y patadas a las sábanas, vas a morir o te precipitas por un peñasco en sueños, jadeante y húmedo te incorporas, asustado, liberado al verte avivado, pues casi has visto la cara de la muerte.

Les digo lo que es esta columna y no lo diré más, es sólo eso, un homenaje en vida, poca cosa más. ¿A quién? A la dicotomía de la vida, si no le quieren decir muerte. Pues vamos cortos de homenajes en vida (y muerte). Al menos, no son sinceros, parecen formalismos ineptos propulsados por mandatarios inertes.

Yo creo...

Si todos los seres tienen la cara que merecen, no creo que todos tengan la muerte que merecen.
Pero se debe de ser obstinado en morir como a uno le parece mejor. Yo al menos sí sé cómo me gustaría morir...

Darle a la muerte el valor que se merece.
Nunca hablar mal de un muerto.
A menos claro, un muerto genocida.
O un muerto que no dejó traza positiva.
O un muerto que vivió siempre muerto.
Tú eres ya un muerto en potencia, felicidades.
Dale a la muerte el valor que se merece.

Feliz día de los muertos.

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