Principio de un principio, un jaguar y un quark

 

El último adiós de mi ayer

Hoy, curiosamente, es el día en el que dejó de existir un mañana como cualquier día antes de un día como hoy... Hoy, curiosamente, sé más cosas de la vida, quizás incluso que mañana, pero no lo sabré, me hallo en mi hoy. Quien lleva años buscando ese día... lo sabe con el corazón.

Quantum leap of a quark into a jaguark

Hablar de un libro que pretende adentrar al lector no especializado en el mundo mecanocuántico y llegar hasta el jaguar como ejemplo de la complejidad tiene mucho de ambicioso. En El quark y el jaguar se dibuja la posibilidad seria de poder comprender la meta de la nueva física post-einsteiniana. Quiero decir, la teoría unificada de todas las interacciones. Parte de la física de las partículas y acabaría explicando toda la complejidad del universo; desde la evolución biológica hasta la evolución cultural de la humanidad. Insisto que no es nada sencillo hablar de esto. Cuando no se explica con matemáticas propias del mundo de las partículas, es complicado aceptar las abstracciones que a la clase científica, hoy en día, les parecen verdades científicas inapelables.
              La incertidumbre de Heisemberg (a menudo tergiversada) nos dice que es imposible calcular el momento y la posición de un electrón. Es decir, solo podemos predecir probabilidades. Antes, la mecánica clásica, presumía de poder presumir como se desarrollaría un sistema con completa exactitud. Hoy, sabemos que lo que define mejor a la evolución de los sistemas complejos es el caos; sin embargo, los sistemas complejos tienen entre sí la similitud de poder procesar información y adaptarla. Así, las mariposas “saben” como llegar a México desde EE.UU. y nosotros sabemos ahora que no hay razas humanas superiores e inferiores. Lo que definimos vagamente por instinto es puro saber no intelectual. Por eso, saber lo que es simple y lo que es complejo; se vuelve una rompedura de cabeza que no es fácil concretar. Y yo ya tengo suficientes con mis rompecabezas, pero sigamos...
                      Esta tarea hercúlea no sería creíble si partiera de mí, vago aprendiz de periodista, escritor (o terrorista, lo que salga primero) que sabe de todo sin entender nada (mañana sobre términos agrónomos en inglés, espero). Por el contrario, el autor del libro, inventor del término quark, premio Nobel y filántropo que no hace distinciones entre las distintas ramificaciones del conocimiento, es la persona más idónea para emprender esta tarea. Para qué centrarse en las distinciones entre lo que es ciencia y lo que no. Lo que de verdad interesa es el estudio de la nueva complejidad que hemos alcanzado y la posibilidad de ser nosotros la muestra irrefutable de la evolución. Los torpes antrópodos mitológicos, supersticiosos y religiosos son hoy los únicos capaces de explicarse y explicar casi todo.

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