Saltar al agua, caer al cielo...

Mis tres puntos, ¡Ay!... 
Blanca arena la de antes, hundía los pies y toda mi imaginación en ella. El verano perpetuo no alteraba su temperatura. Navíos dragantes han estado expulsando arena y removiendo el fondo. Eso hago también con mis recuerdos. Es imposible observar impasible. Tantas veces vista mi tierra linda y querida. La arena cambia su granulado, color y temperatura. Conchas, cemento y playas mochas, trocean mis recuerdos de la infancia.
               Todo está cambiando, menos las gaviotas, son las únicas felices. Confían cada vez más en el hombre, graznan más a los turistas. Baten las alas, sus atosigantes graznidos surcan el espacio y acompasan el estertor perpetuo de nuestro mar que se muere de hombre.
                    Para tomar la foto pasé por trescientas palmeras, cuarenta y dos hoteles, veinte restaurantes y cuatro semáforos. Todo creció exponencialmente. Permanece la sobrepoblación de patrulleros rechonchos, morenos bigotudos de sonrisa cachonda y  aviesa. Es la autoridad, pero unos pocos son analfabetos disfuncionales, ergo: aborígenes uniformados. Van en busca de la ‘mordida’, la corruptela a la orden del día, siempre así, tácitamente acordada. Recorrí paso a paso 24 kilómetros de lengua asfaltada de tierra que atraviesa aguas de siete azules, hay para gustos dulces y salados. Puesto que confluyen en un puente la Laguna Nichupté y el Mar Caribe. Eso sí, cada vez que puedo, "salto al agua para caer al cielo", como decía Ricardo Neftalí Reyes  Basoalto. Poemas, amor y canciones desesperadas para todos. Más detalles. Más adelante.   

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
"Salto al agua para caer al cielo" es un poema de Pablo Neruda.

Mejores artículos