La patria: infancia y tus amigos
Se acaró y acabó lo que se daba, la vacación sin ningún tipo de cuidado ni planeación, no más que improvisar un presente que deviene lleno de sincrónicas circunstancias, según veo no por nada me llegó, otro año, el privilegio de hacer un año más de vida. No me gusta la expresión cumplir con los años, para mí, como me dijo un día Saramago, los años se hacen, hay ya demasiadas cosas por cumplir en la vida.
Por eso ese regusto amargo que tiene todo regreso, pero es fantástico que volver a Barcelona sea, quizás ya para siempre, como volver a casa. Lo paradójico es que yo mismo vengo desde mi casa en México y que ese lugar, como me dijo no sé quién, es mi verdadera patria... “La patria está conformada por tu infancia y tus amigos muchacho” me dijo alguien que tenía mucha razón. Infancia y amigos voy regando por el mundo, pues no me he comprometido todavía con la idea de crecer, siempre pienso en la infancia como un estado de gracia, aunque reconozco la necesidad de envejecer que tenemos como seres humanos, la necesidad de sentir que somos un ente añejo, una energía parte de la gran energía que se va reciclando, parte de una experiencia inefable, pues como energía, espacio y, en último lugar, partículas que somos, todo se va confabulando para poder entrar de lleno en el terreno de las experiencias racionales primero, pero en ciertas personas, sin buscarlo, se abre una opción mística, una confabulación tan complicada para intuirla siquiera, pero más real que las cosas mismas para ellos. Todo lo que antes era, hoy ya no puede ser, así ves lo raro que es ver, ves a alguien que sabe sacarle todo el deleite al delito, y también todo el delito que tiene deleitarse demasiado en esta vida. Últimamente me he aliado más a los antiguos pensadores, en ellos veo todo de lo que hoy carecemos, sin morigeración o acadecismo soporífero. En Delfos, el lugar más místico del mediterráneo, con sus oráculos perdidos y sus puertas con inscripciones como «conócete a ti mismo», «nada con exceso», y los sabios más bien de hoy dicen tonterías como: “Todos los excesos con moderación”, “haz un uso y no un abuso”, “mejor pedir perdón que pedir permiso”. Y es que criados, como la mayoría que lee esto, en el catolicismo más insípido que ha habido nos han enseñado a sentir como propio el pudor, la culpa, la venganza, la vergüenza, el pecado, el infierno, el castigo…Yo ya no soy un animal religioso o supersticioso, pero sí siento cierta espiritualidad y cierta idea de unión mística con alguien que nunca podré siquiera acceder, o bueno quizás al final de mi propio libro me espera un autor al que se le escapó un detalle, yo ya conozco el paraíso en la tierra. Y cada día trabajo con su infierno, busco trabajo con el enemigo, fraternizo con completos imbéciles sin causa ni afinidad selectiva alguna. Pero, amigos míos, se acabó lo que se daba.

