Motherfucking Lunes

                                                                    Que será que pasa los lunes que siempre me dan ganas de madrugar. Pero nunca es posible, jamás. Me gustaría levantarme, exprimir frutas, hacer humos de sabores, olor a pan, café, diario y los medios mandando la actualidad... Pero sólo logro, huelga mucho intentarlo, levantarme quince minutos antes de la hora pactada para llegar, relativamente, puntual al trabajo. Comer en un restaurante con algo creativo, sus precios, nada tranquilos, indigestan mi tarde, me expulsa de mi centro, el trabajo se hace denso. Pero después en el metro leo vorazmente a mucha gente: Richard Dawkins God Delusion, Cuentos de cronopios y famas, Todos los fuegos el fuego. Todos los cuentos el cuento, garabateo en mi libreta que todo puede plagiar. En el metro me siento libre, directo hacia lograr la libertad absoluta, hacer eso que haces que nadie tiene que saber, vivir sin dar explicaciones es ser libre (?), cómo romper en este párrafo esa frontera, la libertad es más posible un martes. "Destápate nena, salte del closet, relájate, quítate el esmalte, deja de taparte que nadie va a retratarte", como odio ese imperativo tan frecuente en la publicidad. Una vez más, libertad. Ténue quimérica conquista, vaga y redundante negación de sí misma, libertad. Y lo vuelvo a dejar claro: martes.  

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