La itinerante vida circense del emigrante
La itinerante vida circense puede compararse, sin duda, a la vida de un emigrante, un nómada que hace la maleta y lleva maroma y teatro a donde sea. Llega, ofrece su espectáculo y huye en la búsqueda de nuevos públicos para conquistar. Damas y caballeros, niños y niñas, ¡Bienvenidos al circo del expatriado nacional!
Título: El circo se exilia contigo
Por Alberto Noriega
Borrador previo al original publicado.
«El sacrificio de la vida circense o la del exiliado, otro símil afortunado del que me agarro, pues si no se entiende este sacrificio cuando uno se exilia, de poco o nada el exilio serviría, sin vocación de sacrificio, disciplina, práctica, repetición, integración y ensayo»
Fantasear en clave circense sobre una palabrota como exilio, una palabra grandota, contundente. Sin embargo, si mi cabeza es una carpa, mi largo viaje un exilio… Ergo, algunas semejanzas veo, alguna vez decidí llevar mi show a otro lado. ¿Qué me llevaría para ir al exilio? Silencio… Cuando uno abandona la patria se encuentra en actuación constante y la función no deja de devenir. Pero, bien visto, este nomadismo se despliega desde hace más de 3,000 años, pues ya entonces los malabaristas y acróbatas viajaban juntos en troupes.
Seres con reflejos de gato y ganas de cantar historias cual juglares son los que alegraron mi circo personal del exilio nacional. Considérese en mi caso una suerte de exilio con mejor “estrella”, aquí la palabra exilio es menos grave, con respeto para los exiliados ideológicos, políticos y culturales; perseguidos, refugiados o aquellos obligados por la pobreza más extrema a huir hacia delante.
Me va a cargar el payaso
Los payasos uno no deja de encontrárselos. Deben ser necesarios para la función, aunque algunos no inspiren confianza y provoquen un pánico terrible. Tampoco son útiles para domar fieras, llevar cuentas, consolar en funerales o enamorar hermosas contorsionistas; pero sí para dar las noticias, ¡Órale! Como más tire hacia lo esperpéntico, como mejor deformación sistemática de la realidad ofrezca, mejor payaso.
Recuerdo cuando era niño y escuché: “Te va a cargar el payaso”, referido con no sé qué amenaza condicional… Desde ese día la utilizo, bien verán que es un cambio injustificado a nivel semántico, pero efectivo para evitar la soez expresión: “Te va a cargar la chingada”. Y es que para este cambio sólo valía la ayuda de un término así. Queda claro que, si no te gustan los payasos, es tan terrible que te cargue uno o que te manden a chingar a tu madre.
En el circo y en el exilio lo peor no son los payasos, sino aquella sensación de encontrarse cual animal enjaulado que soporta sus pensamientos maquinalmente circulares… Hasta circo, de la voz griega kirkos, significa círculo. Así, inspirado por los griegos, nace el Circo Romano con carreras de caballos, batallas, actuaciones, animales entrenados, juglares y acróbatas. Era el único espectáculo público donde los hombres y las mujeres no estaban separados. Fue hasta el siglo XIX fue cuando nació el circo moderno. O, bien, cuando los payasos empiezan a cobrar singular importancia. Hoy el payaso vuelve a estar en la escena central del mundo, en la política y los medios...
Habla con el dueño, no con los animales
El circo del exilio es una función que por repetición, adecuación, y otras cosas, produce ciertas habilidades y, un buen día, ya no sabes donde empieza o se acaba el exilio. Anónimo, ese gran pensador, dijo: “Cuando dejas de ser niño entiendes que hay que platicar con el dueño del circo y no con los animales”, añado que, cuando dejas de ser un adulto más, entiendes que hay que platicar con los animales y no con los dueños del circo.
Un autre cirque c’est possible, dicen. Pues hoy todo es circo, no da más de sí la Société du spectacle, referencia al ensayo homónimo (1973) de ese situasionista francés, Guy Debord, donde dice que “cada sentimiento particular no es más que la vida parcial”. Así, el espectáculo, es un lugar parcial donde se basa toda la irrealidad necesaria para la vida real. Lo particular en un exiliado nacional es una irrealidad parcial, pero muy real. Perdonen este intento de encontrar nuevos sentidos en significados opuestos, pero aquí pasa que te piden un contrato para darte papeles y papeles para darte un contrato, ¡Encuentra tú el significado!… Lo más crudo de todo: no hay espectáculo menos frecuentado que el de un artista extranjero exiliado.
Al exilio se debe ir preparado, igual que si te vas al circo. Comienza la función y sobrevivir sin los conocimientos, por más circenses que sean, ¡es muy duro! Si la oportunidad no llega, mientras, tienes que prepararte: actuar como mimo, para entender —en silencio— la nueva realidad; como payaso, para reír aunque sea por obligación; acróbata y malabarista, para ligar; capataz y domador, contra ti mismo.
Hasta el intermedio, aquí puedes ver que todo es falso y se basa en el consumo de tonterías que no necesitamos para reírnos. La función a veces se interrumpe, y el “show must go on”, ésa es la máxima. Aunque un espectador o un compañero se van, aprendes que el tiempo y el circo son también la misma cosa, siempre haciendo sus maletas y moviéndose más lejos.
Damas y caballeros, niños y niñas, bienvenidos al circo del exiliado nacional donde la función no hace más que comenzar y comenzar…

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