La mujer es del humano su mejor mitad...

Ya no son los cincuentas y, tus caderas...
ajenas,
ellas,
vuelven a la mística femenina

femenina minina
mi niña
menina fina
vaivén que obliga...

Tus caderas...
Que sigo hasta en mi cabeza,
llevan inmanente el sello del pasado,
un bamboleo, discurso sensato,
versadas para el deseo, esa fuerza demencial...

Tus caderas...
Le dan a la calle un aire de realeza,
llevan inmanente el sello del pasado,
siempre...
Y cualquier tiempo pasado fue mejor,
danzan y no dejan de recordarme:
en el pasado había una luminosa obscuridad,
una belleza desgarradora...

Belleza que tenía como sino o deseo implícito
combatir lo bélico y falocéntrico,
necesidad de ser mujer,
mujer para el mundo, cuando más lo necesitó,
hay una época en la que ser hombre es vulgar,
todo el siglo pasado apesta a axila de macho.
Imploremos esa metamorfosis rápida, viva y silenciosa,
que arremeta contra las duras cabezas,
lo femenino es curativo,
parte del yin, medio vaso lleno, cara de moneda que le gana al azar...

La mujer es del humano su mejor mitad...

Caderas, ojos, gestos
nada tuyo es de esta época,
has vuelto
no hay belleza,
todo es garbo, actitud, coraje
ya no hay hombres fuertes que valgan,
somos muy vulgares,
yo te advierto: me salvé por los pelos,
y sigo luchando contra ese sino cochino,
sangre para irrigar el miembro o el cerebro,
ese es nuestro destino,
poca cosa más...
Pero te poseo un poco,
y jamás tendré tu corazón, ni quiero,
mujer pionera y de vanguardia,
que enamoró y ganó su lugar (ayer)
haces falta, mucha falta,
cada día más...

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