Quejío y fe en Disney
quejido.
Nos habían jurado que habían encontrado la manera global de atajar todos nuestros problemas, que no nos tocarían más nuestro dinero, que la unión era la fuerza. Hoy, lo único que se está haciendo global es la indiferencia, la pérdida de integridad, la impotencia. Y adivinan quién sigue pagando los platos rotos de este restaurante de lujo que es el capitalismo, el restaurante donde el 90% pide la comida con intereses TAE al 28%, y se niega ha alimentar a todos sus comensales, lugar donde la mayoría de las mesas pide ayuda, más líquido o trabajo.
Hemingway patea una lata
Es como si el inconsciente colectivo empujara hacia el obligado cumplimiento de profecías jamás escritas por pescadores convertidos a poetas del pueblo, palabras previamente escritas que siempre son oralmente conformadas aviesamente desde el ignorante sinrazón del corazón humano, que tiene como base de su fe una religión pasada y pesada y pisada a posadas. Antropomorfos afiliados a alguna que otra superstición secular: habitantes de la irrealidad y de la subrealidad que nuestra subnormalidad nos ha construido a golpes de mando (ambigüedad intencionada), ¿Es esta la nueva fase obscura en la que entramos? Habrá empezado todo esto cuando se empezó el rumoreo que distingue en tipos de personas y clases sociales. Qué clase de persona rumorea como oficio con beneficio. Vicio.
¿El progreso serán sólo 100 años? ¿Nos quedaremos girando entorno a la modernidad? ¿Será esto lo peor de que existan las profecías, los cuentos, Disney, las sagradas escrituras, conventos?
Un restaurante donde el chef del mundo y sus maitres cortan todo el bacalao, una altiva minoría que quiere que la mayoría coma cada vez peor, un restaurante que ve en el malestar estomacal negocio, un restaurante que tiene el monopolio en todos los sectores estratégicos, un siniestro sinsentido gastronómico y, a su vez, antropofágico sin parangón.
Si hoy estamos mal, veremos en diez años. Si tú puedes hacer algo por la justicia, hazlo, de lo contrario, vivirás a sabiendas que tu silencio es cómplice. Hagas lo que hagas piensa que hace diez años no estábamos tan mal y, para seguir avanzando así, es mejor parar. Por eso tan lacónico y breve mi escrito automático de hoy, y es paradójico: cuando el análisis de la situación es algo tan complejo, cuando exige tanto el paradigma que rige todo, el análisis se vuelve antiperiodístico, algo casi científico. Así, no podemos prepararnos bien para la lucha, hace años que ya hemos perdido en conjunto. Me sabe mal, pero es hora de una redención individual que busque abrazar a sus pares (y así tampoco cambiará mucho nada) en los bares.
Pero escribiendo esto no hago más que empujarme a luchar desde mi mesa, me repito que tengo palabros e ideales quebrados por los dueños de este mundo. Yo soy un comensal más y he venido a comerme todo lo que quiera, he pagado mi cuota de sufrimiento y me quedaré para el postre. Esta falsa actitud de héroe, herencia de lo que piensan los personajes de Disney, la biblia de muchos. Un substituto de la nostalgia de ser santo: llegar algún día a príncipe, y como todos los personajes de Disney, no hace falta tener madre (en el sentido más mexicano y capitalista de la expresión).
¡Ay!
Mutis y quejío final.
¡Ay!


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