El chamán tolteca llama dos veces


ODA AL DÍA FELIZ 


Esta vez dejadme ser feliz, nada ha pasado a nadie, no estoy en parte alguna, sucede solamente que soy feliz por los cuatro costados del corazón, andando, durmiendo o escribiendo. Qué voy a hacerle, soy feliz. Soy más innumerable que el pasto en las praderas, siento la piel como un árbol rugoso y el agua abajo, los pájaros arriba, el mar como un anillo en mi cintura, hecha de pan y piedra, la tierra se enraíza en mis pies, el aire canta como una guitarra, el frío se comunica conmigo y me invita también a ser feliz. 


Todo está dispuesto, ya pasé las pruebas y jugué a ser "normal" y escribir los periódicos, pero todo estaba ya acordado hace años: no te tomes nada personal, no hagas suposiciones, habla todo hasta las últimas consecuencias con asertividad, haz todo con tu máximo potencia. Chamán y profesional de la comunicación se tocan. Escribe, ríe, canta, trabaja, calla, mira bien la historia, sueña, escribe nuevas historias, rehaz la historia. Hazte de más almas. Las lenguas son almas. Leer es vivir más vidas. Escribir es dar la mitad de la tuya. 


Ahora tengo otras ideas y bagajes. Es por eso que soy más feliz, tengo la fuerza necesaria para conseguir lo que quiero, pues mi riqueza siempre la he llevado dentro. Siento que cada día gano algo, aprendo algo, pierdo algo. El fracaso es una clara lección. No quiero ser alguien con una opinión. Quiero fundamentarla, construir castillos con palabras, con paciencia de arquitecto de Sagrada Familia. Mis opiniones expuestas y llenas de trabajado rigor periodístico. Opinar es una responsabilidad grande, escribir es enorme, ser feliz es gigantesca. 


Trabajar debe ser un fin para más felicidad, pues trabajo con total entrega. La felicidad no tiene por qué ser externa, al contrario. El silencio es pura felicidad. Pudiera no dormir haciendo listados de las cosas que mueven mi espíritu y me alimentan diario. De cierta forma lo hago. Cuando no puedo más, cojo la guitarra y creo melodías que me alejan de lo que me proponga con mis ambiciones terrenales pasajeras, mis necesidades no cubiertas, la verdadera fuente de una felicidad duradera. Incluso, puedo hacer que el tiempo pase más lento, puedo congelarlo y decir, sin miedo a estar equivocado, que siempre que puedo paro para ser feliz. 


Que cuando las cosas son duras, siento cierto agradecimiento, el hecho de ver amanecer, llegar hasta aquí, sólo eso, me provoca olas de agradecimiento, la estúpida satisfacción que buscan los lectores del inefable Coehlo. Pero no lo leo. Y todo esto se nota. Lo siento mucho, pero no puedo evitar ser así de feliz, de respirar profundo, de correr eufórico, de producir más paz, más calma, tomar decisiones que siento que alimentan mi alma y mi amor por todo lo que veo en vivir en este nosotros. Y, para mi suerte, ser feliz significa también el dolor que es sentir vocación por el vicio del ejercicio del oficio. 


Vivo con el amor como vocación, ¿de verdad? No, he desaprendido alguna lección, pero quedó escrita. Y creo que eso es todo lo que importa, pero aunque todo fuera mal, tendría todo para ser feliz. Como les juro con el corazón, y ya he estado a prueba y me he aceptado y desconocido en toda plenitud. Ahora es un placer conocer(me). Es esa la decisión que he hecho, tengo un compromiso con hoy, con la felicidad y siento a la naturaleza como aliada. Un pacto con mi sincretista realidad más real que las cosas mismas, que me llena de lo que necesito para poder pararme al lado del camino y decir: soy feliz, carajo. Luego me incorporo al camino y, aunque mi semblante vuelva a parecer serio, soy feliz.

Con desapego a cosas ilusorias
convencimiento del nulo valer
capacidad de substituir en el alma un ideal inaccesible, pero más real que las cosas mismas.
El silencio es libertad,
la muerte es la libertad absoluta.

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