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NO PODEMOS APRETARNOS EL CINTURÓN Y DEJAR QUE NOS DEN POR EL CULO AL MISMO TIEMPO.

Burda consigna de un inspirado indigando.


Quería empezar el año escribiendo, pero, claro, son tantos días sin ejercicio del vicio del oficio. Ella me estruja tan mansamente el cerebro que no puedo más que escribir tonterías. Son las intensiones claras, bueno, pues nada. Sin embargo, una vez que has hecho un pacto de escritor con tu entorno, pues es una obligación, y como tal, pues uno rehuye a ella. Las obligaciones no son para rehuirles, pero hacerlo puede ser placentero. Algún misterio debe de haber, pues esto es lo que le pasa a todo un pueblo. Esta es la razón que me arranca un breve relato. La nación tiene dos nombres, seis caras, mil manos y muchos pobres, un par de amos.

Así que empecé a pensar en escribir un cuento sobre un tendero mexicano que se quema a lo bonzo para ver que no cambiaba nada, incendiario espaldarazo a la indignación colectiva. Un catártico fenómeno que te despierta o te saca de casa, fenómeno que busca las dos: despiértate y sal. Las casas, escuelas y trabajos hoy son fàbricas de estereotipos, por eso cubrirla con repisas y personas es necesario. Mucha gente, pocas personas. Eso es lo que dirán los historiadores de nuestra época, espero.

El occiso salía en todos los medios del mundo, el Sr. Alberto Benìtez, fue tendencia un par de días en todos los espectros de la mentira nacional, las fotos en flamas se llevaban todas las visitas. Los pobres y los que detestan la violencia y toman las calles se unen e, incomprensiblemente, los familiares de Benìtez son ajusticiados, pues ahora los cárteles entran al marketing viral con entusiasmo y los políticos saben que ese miedo es más útil que lo que les cuesta el mazapán, así que atizar un poco a los manifestantes, tampoco está tan mal.

En un país que en cierta manera venera al Chapo, chapeau.

En mi ficción Kate del Castillo, la reina del altiplano central, también era parte del problema. En el libro ella quería hacer la película del libro que no he escrito, aquél libro sobre un mexicano que se prende fuego y trae la no revolución al país y algunas muertes de esas que el país cobardemente presenta al mundo entero con el pretexto de entereza y firmeza militar, todos cómplices y parte de una recesión democrática-intelectual tan acusada. Quizás el escritor se equivoca y decide investigar si François Revel les pudo transmitir (no se sabe cómo) que las revoluciones reconcentran el poder en nuevos cabrones. !Y que los eslabones de chingones cabrones no son buenos para darle vuelo a la hilacha de la cadena de eslabones llenos de hijos de la chingada!

El protagonista de mi no-escrito centra su discurso en México, toma como ejemplo en su estilo a Carlos Fuentes, lo moderniza un poco más, más a su manera, donce se entrega y petrifica un poco sus consignas, el viejo problema de la lucha libertaria e igualitaria, entre tantas muestras de injusticia. Tampoco puede creer que su trabajo como infiltrado de los indignados en Mèxico tiene tan poco impacto allí, un país con cierta tendencia a ganar sus batallas o hacerse el loco a lo Antonio López de Santa Anna.

Después de tanto éxito global de la indignaciòn (nada que pueda ser indignante, no se dejen engañar). Así, pasa que un asunto tan baladí como repartir argumentos y abrir los ojos para trastocar un poco la superficie del pantano chamagoso. Para los personajes era una nueva forma de ejercer el realismo-visceral de Bolaño y de practicar sexo con una combinación genética tal que vendría a afirmar lo ecuménico de un cierto activismo altermoderno post-porno y con todas las etiquetas necesarias para hacerse respetar.

Al final, es una forma romántica de cambiar un poco la sociedad. Lo demás iría cayendo anodinamente todo en su lugar casi solo y la conspiración y la encerrona al ciudadano no mejoraría nada.

Así cualquier narración no se puede escribir, siempre de esto uno se da cuenta a la mitad. Por pura eduación, o por negarse a alterar la mente del lector, por más que animes sus ojos. La narración en medio tanta abulia e indeferencia, entrará en un enfermizo laberinto situacional, un vago clamor y exposición romántica de personajes ficticios (por tanto, más triste aún, duele que no estén luchando en verdad contra este nuevo orden), y una idea, antes explorada hasta la náusea, hasta la levedad del ser, el ready-to-use concepto de lo kafkiano, una prueba silente de una literatura mala y peores tiempos venideros, de seguir esperando la inspiración de Ionesco y que llegué Godot con un cuerno de chivo.

Uno sabía que antes de escribir esta historia, había algo que es mejor que no se viera nunca, pesadez que levita y se vuelve pesadilla, son muchas las horas en las que uno puede sentirse derrotado. Los personajes se hartan de vivir esa metáfora de dar golpes de sueño, golpes de sábana, golpes imaginarios, como esta narración de una narración. Este escupitajo a una seria relación metatextual.

Los tiempos que vivimos son una encerrona y los sueños son la liberación a otra encerrona, entonces se nos van sumando encerronas y acabamos pensando que durante unos segundos podemos ser como Alberto Benítez y prendernos fuego. Y los escritores siempre escribiremos peor cuando las cosas no están revolucionándose cómo y cuándo deberían, sólo encontrarán crudeza e imaginación a raudales, pero ellos pensarán que escriben cada vez peor, acabarán, como todos, encerrándose a ellos mismo, irreflexión verbal que merece reflexión. Reflexión siempre.

El protagonista, quizás, entraría a trabajar en alguna de las tres agencias de rating para acabar su falso reinado. (Hundir desde adentro, no como los malos capitanes, pues el problema del protagonista es que se siente parte de ese encallado barco que se inclina). El protagonista trataría de pegar caras (en los muros) de los tecnócratas mexicanos en el metro, todos aquellos elegibles a llevarnos a la nueva negra era mundial que cada día se veía peor, así nadie se equivocaría en nuestro país a la hora de votar, o esa era su última resignación individualista, luchar desde una clandestinidad dolorosa. Pues echaba de menos escribir algo que pudiera hacer que la indignación se apoderara de la acción para el cambio real ya. Pero, como Alberto Benítez, su falta de voz era siempre escuchada.

Más sinestesias, porfavor

Los periódicos estarían llenos de pseudoverdades o protomentiras y se crearía un periódico vespertino, corregido, aumentado y libre, hecho por los ciudadanos, mejor protoperiodistas y testigos anónimos reales de la barbarie 2.0. Ahí, los personajes colaborarán todos se resolvería toda la historia que no les pienso contar. Una redacción popular y abierta, esa sería la única manera de informarse un poco de paso en la narración, sin caer en los malsanos recovecos del sistema peor implementado de todo el mundo (el de la información generalista o el sistema político mexicano, no sé cuál).

Mi novela se muda a Europa, para testificar la venganza de Moctezuma. Las ruinas llegan a Europa.

La riqueza se iría de aquí, pero nuestra deuda sería de primera calidad. Justo lo que todos quieren, quiero mucha deuda, de la mejor calidad que tengan, gracias. México pasaría quería ser ni más ni menos que la comida de los que están arriba en el eslabón de esa cadenam peor que ser denominado parte de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia, España) es ser tutelado por esos verdaderos PIGS. Y así nos tratarían hasta el aburrimiento, incluso peor, hasta la inacción.

Ahora, claro que hay un personaje catalán en mi libro, una debilidad mía. Pero en México, a pesar de sentirse raro por como tratan a los catalanes unos y otros, pues la ignorancia del fet català es muy relativa en México, ahí mi catalanot se acercaría a disfrutar mucho más de su lado antropoide, se diluiría cualquier atisbo de nacionalismo de campanario. Aunque, poco a poco, volvería a su encerrona a la europea.

Al final todos se dan cuenta de que no se sabe qué pasaría con tanta reivindicación si todos se dieran cuenta de que nada más son mamíferos.

Él y los humildes pescadores que son los vecinos del destino final del protagonista, comparte un intelecto salado, y así se dice que no ve nada más que mamíferos (y algunos chupópteros). Y como era de esperar: no hacen otra cosa que seguir mamando.

Y, encima, tienen la cara de pedir más austeridad. Cuando la austeridad sólo agrava mucho más el problema. Y el problema habían sido ellos. Los que nada pintaban en un mundo colorista y literario del relato, es muy triste. Ellos son los verdaderos protagonistas de un libro que nunca se escribió a tiempo. Para qué.

 La espiral de destrucción es tan brutal, y ellos piden austeridad. Lo han logrado con mis palabras, yo no, pero el de la novela, ese personaje se raja y empieza a escuchar la radio y a leer por encima de las líneas, incrédulo y apartado, mordiéndose los labios y apretando los puños que han jurado hacer huelga de seguir tecleando. Ya ni siquiera edita lo que escribe, o escribe algo digno para editar. Nunca más. A veces abre un cajón y ve su foto con la pancarta:


NO PODEMOS APRETARNOS EL CINTURÓN Y DEJAR QUE NOS DEN POR EL CULO AL MISMO TIEMPO.




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