Javier Marín por Valentina Drejden


Es verdad que la materia carece de espíritu y es el hombre, mediante la manipulación de ésta, que logra expresarse. Javier Marín (Michoacán, 1962) a través del manejo de diferentes materiales nos remite inmediatamente a la Grecia del siglo IV y V a.C., a este Periodo Clásico del que tanto habla Hegel.
Según Hegel a mayor materia, menor es la capacidad de expresar contenido y a mayor contenido, mejor es la obra de arte. Es realmente el equilibrio entre la forma y el contenido lo que permite lograr la manifestación sensible de la idea y empezar a hablar de arte.
A pesar de su evidente tendencia a la desmaterialización del objeto artístico, hasta llegar a la reflexión pura, Hegel logra encontrar en la escultura del Periodo Clásico una compenetración absoluta entre forma y contenido e, incluso, considera la escultura griega como un lugar de encuentro entre la divinidad y el hombre.
Rostros llenos de dramatismo, sentimiento, pasión; cuerpos que reflejan la tragedia de la contemporaneidad, con un excelente manejo técnico de los materiales. Todo lo anterior carga a estas piezas de una fuerza estética digna de mencionar, mientras nos imbuye en una gran satisfacción, después de juzgar tanto a la forma como al contenido.
Una obra de arte tiene que ver, también, con el momento en el que produce discontinuidad, con el momento en el que nos extrae de nuestra realidad y nos traslada a un lugar donde se permite a la pieza comunicar, señalar y hacernos apreciar algo en particular. Las esculturas de Javier Marín nos permiten sumergirnos en la expresividad del cuerpo humano y, probablemente, si somos lo suficientemente hábiles, encontrarnos a nosotros mismos en sus piezas y observar desde otra perspectiva.
Si le permitimos al arte seguir contando nuestra historia, en estas piezas lo que vemos es un claro apego a las líneas más clásicas y conservadoras. Probablemente, en estos rostros, encontremos algún dejo de tragedia que nos lleva a otra época. Pero, si hacemos un análisis formal, encontraremos que los materiales que ocupa si pertenecen a nuestros tiempos y el formato utilizado por el artista tiene su razón de ser, no es casualidad. Esta fuerza que transmiten las piezas no es más que el resultado de la elegancia de las líneas y, una vez más, del equilibrio que logra encontrar Javier Marín entre forma y contenido. Su arte como manera de expresar la tragedia de nuestros días y, de esta forma, algún día, permita expresar nuestra manifestación de impotencia cuando nuestro tiempo acabe y estemos ausentes, el arte seguirá contando nuestra historia.  

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