EL DISCURSO AUTOBIOGRÁFICO EN VICTORIA OCAMPO Y SILVINA OCAMPO. (Estrategias de construcción de un sujeto),
INTRODUCCIÓN
Analizaremos aquí brevemente formas
de escritura autorreferencial en dos escritoras que además de enfocarlo cada
uno de una manera muy distinta, incluso opuesta, son hermanas. En el desarrollo
veremos que el género autobiográfico tiene muchos subgéneros. Aquí viven dos
formas en las que se puede abordar el estudio de la escritura (o problema) de
lo autobiográfico. Sólo decir que ambas autores
compartían haber aprendido el español mucho después que el francés o el inglés.
Cosa que afectó mucho su forma de describir la realidad.
EL
DISCURSO AUTOBIOGRÁFICO EN VICTORIA OCAMPO Y SILVINA OCAMPO. (Estrategias de
construcción de un sujeto),
Victoria
Ocampo
“La única tristeza es la de no ser
santos”. Leon Bloy (frase
final de "La mujer pobre")
La forma de construcción del sujeto
de las autoras difiere tanto en lo esencial como en lo accidental. Empezemos
hablando brevemente de Victoria Ocampo. Ella siempre escribió desde la seguridad
de haber logrado encontrar su voz interior. Pensaba seguramente en caminar el
camino de alguien predestinado a convertirse en la guía intelectual de Argentina.
Sólo mencionarla factotum, entre un número importante de intelectuales, de una
revista de vanguardia donde las literaturas hispanoamericana y europea pudieron
encontrarse cara a cara, “Sur”.
La autobiografía y los testimonios
escritos por Victoria Ocampo son considerados como valiosos documentos
históricos sobre la vida cultural y sus relaciones con Europa y la literatura
estadounidense. Habría que matizar que para la época en la que escribieron
ambas hermanas, dieron luz a una manera de concebir el mundo que reivindicaba
una sensibilidad distinta a la imperante hasta estos momentos. Pese a eso,
Victoria llena todos los requisitos de la escritura autobiográfica strictu senso.
Así, ella, Victoria Ocampo, aporta
su comprensión del mundo, comparte y comenta sus lecturas, nos revela cosas que
desea saber con sus entrevistas, sus viajes, sus diálogos multicultares con la
intelectualidad. Y, por encima de estas cosas, y a mi parecer, lleva su obra
autobiográfica la consigna de representar su mundo interior lleno de mística y
la constante búsqueda del perfeccionamiento moral. No hay más que ver los
espejos orientales en los que se mira y busca su reflejo: Rabindranath Tagore,
el artista y Gandhi, “el acuerdo entre pensamiento y acción”. Era significativo que a la hora de su muerte,
como libros de cabecera tenía la Biblia , La imitación de Cristo, y la
Oda Jubilar de Paul
Claudel.
No digo la verdad.
Y si la digo es como si mintiera
Silvina
Ocampo (“Acto de contrición”).
Por el otro lado, me explayaré más
con la hermana más joven, Silvina Ocampo, es menos conocida que Victoria y
también lo fue su obra. Sin embargo se engancha al al lector por su gran
imaginación, su tendencia a la creación de lo fantástico y un extraño desparpajo
con figuras y rarezas en el uso del lenguaje. Además, su manera pictórica de
formar sus descripciones (siempre se habla de sus años formativos con Giorgio De
Chirico) es una constante en su obra. Silvina sorprende al disfrazar su
escritura con aquella inocencia propia de un niño para así romper el orden de
lo normal y penetrar en otro orden de cosas. Entramos en el territorio de lo
fantástico o del nonesense ejemplar
como aquel en los cuentos de Lewis Carroll y Katherine Mansfield que quizá le han
servido de inspiración a Silvina.
Silvina se prodiga en su refinado
humor negro, su uso de la ironía, y esas rarezas en el lenguaje llenas de
oxímorons y sinestesias en medio de sus caserones, grandes patios, jardines y
la presencia enigmática de personajes infantiles que nos enfrentan a
situaciones repletas de horror y crueldad donde ellos son víctimas consentidas
o victimarios con sentidos. Es cuando en su literatura se aplica muy bien el “no
todo es vigilia para los ojos abiertos” de Macedonio Fernández. Entonces, así,
manteniendo los ojos abiertos podemos establecer un tipo de construcción
autobiográfica en Silvina Ocampo.
En Silvina lo lírico predomina sobre
la mera anécdota, la coloquialidad resalta más que en su hermana Victoria y su
prosa goza de un pictorismo que desborda goce por el uso de los sentidos en la
literatura. Es básico intentar a través de una suposición adentrar en los
porqués de ese lirismo tan particular que es en sí mismo una manera de vivir y,
por tanto, entrar en la biografía de la autora. Decir que Silvina tiene una
manera más bien evocadora de construir la realidad, una “espontaneidad” que
muestra su displicencia por las convenciones del lenguaje y demás anquilosamientos
que puedan rehuir cierto coloquialismo y tendencia a lo pictórico. La oralidad
de la obra de Silvina se acompasa perfectamente con el lector y le permite
entrar sin darse cuenta en la concepción (innovadora) de lo fantástico.
Dejemos que sea su hermana Victoria
la que hable de la forma de escribir de su hermana, decía: “Se tiene la impresión de que los personajes son cosas y las cosas
personajes, como en la infancia. Y todo eso está escrito en un lenguaje
hablado, lleno de hallazgos que encantan y de desaciertos que molestan, lleno
de imágenes felices -que parecen entonces naturales- y lleno de imágenes no
logradas -que parecen entonces atacadas de tortícolis”. Aquí la principal
crítica hacia ella, y generalizable a casi todos los lectores es ese desprecio,
a veces inconsciente, de la gramática. Todo esto cambiará su forma de escribir
y dará luz a una Silvina Ocampo más prototípica y epistolar.
“La palabra es un síntoma de
afecto
y el silencio es
la comunicación más perfecta
que nadie puede oír."
y el silencio es
la comunicación más perfecta
que nadie puede oír."
Conclusión
Queda
clara la diferencia entre las hermanas, pero resumamos: Victoria siempre buscó
estar en el centro de la vida intelectual mientras que Silvina siempre quiso
estar al margen. Así lo hizo tanto con su vida social como en la actividad
literaria. Pero es aquí donde decidió dejar pistas que nos pudieran arrojar un
poco de luz hacia su manera ambigua, cautivadora y espontánea de ser y crear.
Silvina se mueve entre la
autobiografía y la autoficción, la narradora siente libertad de manipular ficcionalmente
lo que decida más oportuno. Así no se establece una clara identidad entre
narrador, autor y personaje, condición excluyente de la autobiografía estricta.
Asimismo podemos hablar de una forma de referencia autobiográfica que combina
la narración perspectivizada, los discursos de personaje y la voz narradora
omnisciente de focalización alternativamente externa a interna. Así, en medio
de esta complejidad aportada por el estudio de lo autobiográfico de G. Tomassini,
concluimos que sólo se pude hablar de breves flashes autobiográficos
infiltrados en un personaje cuya invención en la imaginación de la autora no
tiene discusión.
Sus cuentos dejan entrever un deseo
de dejar hechos que ha vivido con intensidad en su vida como sus seis hermanas,
la muerte de Clara (que se refleja en el hecho ficcional de la muerte de seis hermanas,
‘La calle Sarandi’. Los viajes a
Europa durante la infancia. Las casas aristocráticas y los largos pasillos; ‘El
corredor ancho del sol’, ‘Nocturno’. La servidumbre, ‘Los funámbulos’. Jardines,
campo, estancias. Su pasión por el mundo de las criadas (muy importantes en su
vida), el mundo de los niños (que adoraba y aparecen en un orden superior y
diferente al de los adultos).
Precisamente Silvina Ocampo se
esconde misteriosamente detrás de los recovecos y metatextos de estudiosos que buscaban
desvelar su manera de concebir la vida. Ahí está aun esperando a ser leída,
descubierta y vuelta a la vida. Escritora que poco se conoce y tanto ayudó a
concebir una realidad más original donde el humor y la crueldad provocan sus
desbarajustes y sus barbaridades.
"¡Qué felicidad: he visto nacer
la vida, he visto comenzar el movimiento! La sangre me late tan fuerte en las
venas que parece como si fuera a romperlas. Siento anhelos de ladrar, de mugir,
de aullar... Quisiera tener alas, un caparazón, una corteza como los árboles;
quisiera echar humo, tener una trompa, retorcer mi cuerpo, dividirme en muchas
partes, estar en todo, emanar mi esencia junto con los olores, desarrollarme
como las plantas, fluir como el agua, vibrar como el sonido, brillar como la
luz, acurrucarme en todas las formas, penetrar en cada átomo, bajar hasta el
fondo de la materia, ¡ser la materia!" Sant
Antoine, Flaubert*
"Lo que se deja expresar, debe
ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor
callar". Ludwig Wittgenstein
. _______________________________________________________________
*Nora Valenti sostiene que la pintura
metafísica de este pintor influyó decisivamente en la narrativa de la autora:
La búsqueda de Silvina Ocampo en el área literaria –así como la de
De Chirico en el área figurativa- no se
desarrolla sobre la base de experiencia y de las visiones ordinarias que
ofrecen una representación puramente convencional de la realidad, sino que
aparece dirigida esencialmente a la dimensión más profunda o “metafísica” de la
realidad misma: es decir, aquella que vive como “detrás de escena” o “de la
otra parte del espejo”9.
*Compare el lector esta obra con el
"Song of Myself", de Whitman, el Cantar de Cantares, la obra de
Erígena y Berkeley, y los textos brahamánicos.
*A mi parecer Silvina Ocampo también
comparte la descripción que hace de Macedonio Fernández el crítico:
"Prefirió la soledad, la obra escrita a contramano y en el anonimato, la
publicación ocasional u obligada y que nada concluye, la actitud iconoclasta
hasta para consigo mismo", dice el crítico y ensayista uruguayo Emir
Rodríguez Monegal ("Macedonio Fernández, Borges y el ultraísmo",
revista Número Nº 19, Montevideo, abril-junio de 1952).
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