Mi objetivo: Bacalar
De esa inequívoca y enloquecedora manera, las cosas, y sus sombras, y las máquinas y todas las causalidades.... Todos confabulaban tácitamente para entorpecer y medrar cada vez de forma más profunda en su interior. Impedir así que lograra sus objetivos, todos, puesto que, en un principio, no eran sus objetivos los que lo habían metido en la ciudad ésa, con ese tipo de gente, como hechos de otra pasta, otra escencia nuclear, más epidérmicos que sensibles... Era un tipo de mezcla, como la vida, donde lo bueno y lo malo estaban en un extraño equilibrio. Al menos, según recuerdo, desde que había empezado a blasfermar religiosamente.
Y, claro, quién lo entendería. Con esta sociedad y con el paradigma transaccional en todas las cosas. Se había vuelto loco y todo lo concebía como sistemas adaptativos complejos. Así, la soledad y la autoayuda, ambas, le habían acercado más a parecerse al fundador de una secta que a la felicidad verdadera y real. La felicidad tenía que parecerse a follar, pescar, conducir un velero y vivir haciendo certeras cábalas en Bacalar. Pero el chamaco, ciego de luz (manido oximoron, segundo, después de "blasfemar religiosamente"), estaba encantado. También, empezaban a volar como zopilotes circundando alguna cosa que desprendía aquél olor ferroso y cachondo de la sangre, sabor a puñetazo, a gingivitis, a moneda, a víctima...
Había unas sombras a penas visibles circundándole, él las percibía como un peso en sus espaldas. Las mismas, alejaban al pobre de los que no eran sombras y, por suerte, también lo circundaban. No hacía caso ni a los amigos, ni a la sombras, ni a las estrellas. De hecho detestaba que lo circundaran. Le gustaba más eso de que "que todos precisen y nadie te reclame". Hacía caso a su dolor, sólo a él, así se resignaba a no seguir escribiendo para alimentar más ese dolor, o así lo hizo antes impávido ante esos buitres grandes y lóbregos, pajarracos mefísticos que le hacían presagiar algo siempre a medias, la puta incertidumbre de no poder calcular dónde andaba el electrón, pinche Heisemberg, !cago en tu incertidumbre! Mala hora en la que conocí aquella palabra, "indercitumbre". Vienen tiempos en los que toca agarrarse fuerte y apretarse más el cinturón. Pero siempre adelante, ¿porqué no creemos en la re-evolución mexicana? Hoy ya nada es lo mismo, ni siquiera eso, cada día estamos peor.
Por cierto, mi objetivo era escribir desde mi isla y que me regalen boletos de avión. No era lo suficientemnete elevado o socialista, obrero o militante, por eso todo mi sueño como escritor (militante) se frustró...
Definirse es limitarse, (como dicen los españoles), "que se los digo yo"
(Preguntar por el final real, el final que lleva a ver cierta congruencia y forma de constituir mi voz y estilo en los textos)
Y, claro, quién lo entendería. Con esta sociedad y con el paradigma transaccional en todas las cosas. Se había vuelto loco y todo lo concebía como sistemas adaptativos complejos. Así, la soledad y la autoayuda, ambas, le habían acercado más a parecerse al fundador de una secta que a la felicidad verdadera y real. La felicidad tenía que parecerse a follar, pescar, conducir un velero y vivir haciendo certeras cábalas en Bacalar. Pero el chamaco, ciego de luz (manido oximoron, segundo, después de "blasfemar religiosamente"), estaba encantado. También, empezaban a volar como zopilotes circundando alguna cosa que desprendía aquél olor ferroso y cachondo de la sangre, sabor a puñetazo, a gingivitis, a moneda, a víctima...
Había unas sombras a penas visibles circundándole, él las percibía como un peso en sus espaldas. Las mismas, alejaban al pobre de los que no eran sombras y, por suerte, también lo circundaban. No hacía caso ni a los amigos, ni a la sombras, ni a las estrellas. De hecho detestaba que lo circundaran. Le gustaba más eso de que "que todos precisen y nadie te reclame". Hacía caso a su dolor, sólo a él, así se resignaba a no seguir escribiendo para alimentar más ese dolor, o así lo hizo antes impávido ante esos buitres grandes y lóbregos, pajarracos mefísticos que le hacían presagiar algo siempre a medias, la puta incertidumbre de no poder calcular dónde andaba el electrón, pinche Heisemberg, !cago en tu incertidumbre! Mala hora en la que conocí aquella palabra, "indercitumbre". Vienen tiempos en los que toca agarrarse fuerte y apretarse más el cinturón. Pero siempre adelante, ¿porqué no creemos en la re-evolución mexicana? Hoy ya nada es lo mismo, ni siquiera eso, cada día estamos peor.
Por cierto, mi objetivo era escribir desde mi isla y que me regalen boletos de avión. No era lo suficientemnete elevado o socialista, obrero o militante, por eso todo mi sueño como escritor (militante) se frustró...
Definirse es limitarse, (como dicen los españoles), "que se los digo yo"
(Preguntar por el final real, el final que lleva a ver cierta congruencia y forma de constituir mi voz y estilo en los textos)
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