¡Es la condición humana, imbécil!




Por Albert Noriega del C.

Una vez más no podía teclear nada con total entrega, quería escribir tantas cosas, quería teclear con los puños como Strindberg, quería insultar a todos los implicados (y no implicados) en que no podamos optar a lo que nos corresponde, a los que jodieron incluso la creencia de que esto era una meritocracia. Abrir los ojos de un escopetazo de proporciones paquidérmicas. No más armas, ese es el problema de los que liderarán la revuelta, ya tienen más credenciales que los políticos, pronto tendrán más autoridad moral que ellos y podrán convencer mejor. ¿pero vencer? Creo que el sistema necesita de muchas derrotas implícitas, de muchos vencidos y pocos, y selectos, vencedores.

Uno con credenciales y ánimo de superación ve que la cosa se acomoda de forma que puedas pensar sólo en sacar las castañas propias del fuego, quieren que pienses que no eres tù el que manda, que el sistema se volvió algo monstruoso e incontrolable, que tomar decisiones en democracia entre todos se reduce a presentar, una vez, cada muchos años, trozos de papel con valor +1.

Yo he dejado hace año y medio de percibir retribuciones suficientes para procurarme una literatura digna y tuve que buscar sombra en un anodino contrato indefinido. Mi trayectoria se truncó cuando estalló la burbuja. Llevo en mi peso el deseo de escapar de mi realidad. Llevo años tropezándome con una misma piedra, aceptando que incluso puedo ser derrotado por un hombre de cromagnon, pues fueron los primeros en lanzarse en búsqueda de tierra a nado sin vislumbrar la otra orilla.

Antropoides que arriesgan,¡dónde está su herencia?, necesitamos sacar a todos los monos a la calle. Todos conscientes que somos sólo eso, monos miedosos, jóvenes micos, changos religiosos, chimpancés supersticiosos, monquiquis corruptos por el poder, la sangre, la estirpe, los clicks, lo fàcil, el vicio, el ocio, la pérdida de la ética de los oficios y los mandos (los altos y los de los televisores).

La generación sólo puede improvisar canciones, necesita cambiar de era, necesita crear y gritar, por vez primera  que sé que esta vez mi grito será escuchado por algún loco internauta que intuya ya que està leyendo los despojos de un despojo, las maldiciones de un maldito. Y que todos vamos junto agitando las cosas para dar luz a una realidad más real, más comprometida, más humana. Os maldigo, pues, pero sólo hasta que vuleva a decidir que mi falta de voz sea oída en toda su estridencia.

Hace tiempo que veo y sueño con improvisar pequeñas piezas, hacer un pequeño estudio de grabación y creación digital, incursionar en otros muchos ámbitos. Creo que es más divertido llevar toda mi confusión y ganas de agitar al mundo del arte, la locura del posmodernismo, nuestros butos plogs.

El atril, el PC, el software y todos los bàrtulos llevan años sin cumplir su función, ya no hay ambiciosas partituras, se multiplican las hojas y las horas en blanco, pues son prueba de que he escogido la vida, y que, para mi desgracia, he perdido la intensidad y esa cuiriosidad exagerada tan amiga en los años del periodismo comprometido, esa que me llevaba por inercia y me llevó unos días a conocer mejor y aceptar a la muerte.

Sí, la muerte. Y hablando de la muerte, es cuando experimenté con vivir lo más cercano a la santidad, entonces empecé a aprender a cómo escabullirme de aquí, a sonreír, e irme a un lugar donde sólo hay respiración y ahora que implosiona en ahoritas mexicanos que me llenan de honra. Eso es lo que me aleja de la vida, pues, pensándolo muy bien, sé que mi relación con mi muerte (no la muerte) es preciosa. Aquí he dado un paso de gigante con respecto a algunos antropoides, seguro que los cromagnones me siguen aventajando en muchas cosas, yo ya ni siquera saqué algo de pelo en el pecho, pero a lo hecho, pecho. Siento que el sistema puede evolucionar, presentar una batalla nueva al caos que ha creado un sistema en particular.

Pero siempre sale el hippy, pues amar y aceptar el dolor y la muerte es tener una relación sana con la condición humana. Pero están esas otras ideas crísticas de mierda que sólo han hecho que la gente diga y haga y piense cosas a medias, sin la resolución que da estar realmente harto de tanta patraña. Sin darse cuenta de lo falaz de su existencia, de lo poco que se pueden sostener sus palabras en una realidad bien razonada. De lo mucho que se ha retrocedido en el deseo de vivir que tuvieron los 70.

Gracias escuela, universidad, libros, amigos. Gracias por todo, aunque...
Llevo años dejando a la vista una cosa que escuché el primer día de carrera de periodismo:

"Periodista: puta y artista".

Ojalá, ojalá fuera así. Incluso los periodistas españoles de la pública de hoy (la retocada por el PP) tienen carencias flagrantes en su formación humanística y relacionada con el arte de escribir. Mucho menos tienen la agilidad y decisión y sangre fría de la puta, aunque sí la capacidad de fingir orgasmos de forma profesional. Y, mucho menos, poseen la versatilidad del alma artística o de un discurso alterno, la mirada estrábica o esa cosa que tiene entender que se puede vivir pensando que se está llamado a hacer cosas más grande que la suma de todos esos días de oficina.

Quiero que me atraviese un rayo de luz
soy poeta,
animal de mar
nacido para volar
pero el ancla siempre en tierra,
que me cubrirá
y pachamamá
¿Y la luz?

Envidio a mis amigos que viven en el campo, que marchan a escribir sobre lo que está pasando, sin complejos, víctimas de la oportunidad de poder gritar y reír más y más alto. Les recomiendo que griten, que midan qué tan ahogado es la estridencia de su grito hoy, que tan patético es el gesto al notar frente al espejo en que nuestros hermanos mueren y nosotros perdemos la capacidad de enfadarnos, gritar con desahogo, todo por culpa de la comodidad y aceptación implícita de la depresión y base injusta.

Nosotros, los que venimos a empujar y hacer ruido, nosotros no podemos permitirnos el lujo de deprimirnos, pero sí de enfadarnos, y ahora hay razones para enfadarse mucho. Y hay que defender lo que nos arrebatan más que aquello que queremos conseguir. Es horrible corroborar la regresividad de nuestras conquistas sociales, es sangrante ver que no quieren que atiendan a los que no tienen unos papeles.

Pasa lo que pasa en todos los trabajos: tenemos toda la tecnología y el know-how; pero los problemas que nos rebajan a confusos monos y nos degradan, los polìticos son propios de la vieja condición de la especie humana. Tenemos, entonces, la forma de hacer un país moderno y trasparente, pero no existe oportunidad de apartar a esa banda de fascinerosos y lame-culos ¿Son parte de tu condición humana!

Esto sólo permite decir: ¿sería raro pensar que mi humanidad no tiene nada que ver con la humanidad?
Necesitamos crear una nueva condición humana, está claro.

Y ahora tu poder está en lo que elijes consumir.
Vete a tomar Coca-Cola

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