La necedad y necesidad de molestar a los demás



(escritura y dibujo automático)



Esa rara necesidad de los demás de acercarse, ocupar tu espacio, llenarte de palabras y preguntas y reaccionar a tus palabras que salen de sus preguntas, las trampas de su soledad mal entendida, los problemas de no haber leído sobre la separatidad de Fromm, el viejo y olvidado arte de amar ha sido substituido por la capacidad de saber cómo controlar e importunar y persuadir y negociar cómo se puede joder mejor al otro. 

Al final, son los problemas los que acaban haciendo que las cosas funcionen bien de verdad. Son los obstáculos los que nos hacen crecer. La vida está llena de piedras, las ideas son como losas, pesadas, tanto, que hacen que veas todo según su perspectiva. Te dan salvoconducto al arte cada vez más elaborado de juzgar al prójimo. El arte de buscar la paja en el ojo ajeno. Todo como mero pasatiempo para olvidar que es uno mismo el centro de todo y que preocuparse por todas las cosas que no dependen de ti es una verdadera estupidez. Pero esta actitud es uno de  los problemas que hacen las cosas acaben funcionando jodidamente mal.

La verdadera estupidez está a la orden del día en detrimento de nuestros días.

Abundan esas personas que tienen la necesidad de incordiar como manera de tener tu atención, esto desde muy pequeño me intriga. La intriga consiste en que no encuentro la parte que compense tener tan mustia, burda y soez actitud hacia otro ser humano. Esas ganas de poseer a otros, cuando, en realidad, se trata de una forma velada de ser un lobo para otro hombre. Forma de penetrar y chingar (en absolutamente todos los sentidos) a los demás. 

Yo he hecho dos pactos: uno, mi sonrisa; dos, la utilización de mi experiencia cercana con la enfermedad como prisma personal y más real que las cosas mismas, por el cual percibo todo lo que quiero, como quiero, con mis objetivos elevados siempre en el horizonte.

Qué es eso que hay en la naturaleza que, solo con inferir que necesitas espacio, un ente raro y malo siente que lo mejor para él sería incordiarte, reprocharte, perseguirte, arrinconarte, incomodarte. Como si disfrutaran molestándote, como si fueran un vampiro de la buena onda y su identidad necesitara de hacer sangre, como si tu cara seria, tu incomodidad fuera un constructo para su identidad, es un masoquismo extraño, pues disfrutan con incordiar, no tanto con tu dolor (pero a veces incordiar es una trampa que deja peores resultados que la violencia). Y, admitámolos, la escala de acciones violentas es tan grande y tan presente en todas las relaciones y sistemas. 

Y hay tanta violencia en todas partes.
Incluso en estas líneas.
La violencia está a la orden del día.
Este es el mundo que te tocó vivir.
¡Cuál va ser tu próximo paso?
Por qué me sigues necesitando para sentirte real,
Te advierto: o me dejas en paz,
o tendrás que sufrir con toda la paz que hay en mi corazón
así es como se ataca a estos vampiros
Con una sonrisa real,
siendo impenetrablemente feliz

Entonces,

Dos derechos: derecho a mi sonrisa de infancia y derecho a mi silencio y a mis excentricidades de pseudo artista.

Y si no les gusta:


Tres mujeres: Soledad, Manuela y María
Un animal: yo.   


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