Disección de una típica pelea de pareja






El silencio impera ahora en el salón, antes, mientras discutían, se sucedía un telediario que cada 20 minutos volvía a arremeter con las mismas noticias mal contadas, mientras ellos hacían lo mismo con sus argumentos sobre la falta de afinidad que lleva lo cotidiano y circadiano del circo diario. Un intercambio de argumentos como siempre desfasado y con el obstáculo para la concentración que suponían las proyecciones con Ahmadinejad, Mas, un Romney malévolamente sonriente, un niño secuestrado aquí al lado en Barcelona, un niño muerto un poco más lejos, un explorador Curiosity, todo un aptónimo (cuando te queda bien el nombre, como si yo me llamara Alberto Nollega)...

El gesto enjuto en lo más sagrado del salón y, después de argumentos que no se tocan, llega ese momento aún más sagrado y contemplativo, cuando se puede decir que impera el silencio. Emperador silencio, creador del ruido y del universo, hazme tuyo, oh! silencio... Las miradas esquivas, perdidas, absortas y a la vez, ambas, en un lugar más real que el sitio que habitaban y sus cosas. Eso es lo que provoca el silencio: mucha realidad.

Un cambio de canal, otro documental sobre el Titanic que seguía a la película de Cameron, las miradas siguen cada una en su propio mundo, ajenas a un amante que moría por no saber subir a un témpano de hielo en el que cabía, ¡metáfora del hundimiento de cualquier relación?.

Ella ve la película, él no deja de teclear a un ritmo vertiginoso. El silencio existía ya desde entonces, existente y palpable en medio de ruido esterofónico con aguas salvajes, explosiones y huesos rotos de personas que gritan antes de morir despedazándose contra las barandillas y otras partes del barco. Los fracasos más caros de la historia son los únicos que no dejan nunca de aparecer delante de nosotros, forman parte y son referente de la cultura popular. Los fracasos estrepitosos entre dos miradas puede ser el preludio de uno de los fracasos más caros de la propia humanidad.

La cabeza y nuestro fracaso a entenderla, es cosa ajena a nosotros todavía, la cabeza. Esa que dicta que no puedes lastimar a una persona que lo daría todo por ti, es casi ley, es casi termodinámica, es esa cosa que no deja de seducirte para no apartarte de tu visión única y particular del universo. Es eso de llevar a la práctica la consciencia de la separatidad de Fromm. Esa cosa que, por suerte, se ensancha y te hace respirar aliviado (hablo de la cabeza), parte de una compleja cosmogonía. Medicina para la gran agonía del cosmos. El universo es puro silencio, el silencio es peligro, es esa sensación de que solo cuando todo va bien es entonces cuando hay más oportunidades de que algo salga mal. Y si quieres apreciar el silencio, primero, debes de saber de dónde proviene todo ese puto ruido.

      

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