La pobrísima excusa
Con lo inusitado de todo, no puedo ni detener las ideas. Me paraliza tu silueta dirigiéndome a primera mirada. Morirás matando, olé torera, llévate triunfante tus cuernos, desprecia el rabo. Quizás añadir que soy tauro, ves que mal, no me puedo aferrar a nada, las ideas no se detienen, y la marejada vapulea mi patética nave que cuando toca tierra firme, permanencen también firme mis ideas.
No hay nada que me excuse, sólo me queda un poco más de tiempo por delante. No quería desmoronar el castillo de naipes así, menos cuando todo se construía con parsimonia, con vientos, lluvias, tormentas... (tormentos y tormentas).
No hay nadie que conciba lo profunda que será mi tristeza. Aunque no hay mal que por bien no venga. Al final, quién mejor que tú para estar a la altura de toda mi bajeza. Para conocer los impulsos que rigen mi cabeza.
Quién mejor para brillar
pinche diamante,
cuánta nobleza,
amado talante
No quiero pensar que te he perdido, se activaría un instinto de supervivencia, impulsado por ese amor que a duras penas veo con propiedades pasajeras...
Esa retahila de palabras no haría más que confurdirte, degradarme, destruirme.
Es eso a lo que tu amado le sabe como a jaula sin paredes, sin prisioneros. Pero el amor es jaula y encierra. Yo, ya preso de mis actos, ¡Cómo crees que puedo plantar cara a la fuente de la que ha emanado toda la belleza que necesitaba?
El pecador y San Pedro montando una buena arenga...
Gracias por ser tú. Yo me encargo de llevar toda la parte de hacerme daño. Yo cargo con la culpa. Yo tiro del gatillo. Eres bala perdida, la primera víctima, el verdugo, el asesino.
Ahora, Luis Miguel: "Besa otros labios... y me compares... Si encuentras... que te comprenda... más que a nadie... Media vuelta... El sol... Cuando muera la tarde...
Me comí tanto la cabeza que mi vida es una fiesta de vísceras. Romperé una última vez en llanto. Siempre recordaré la vez que aprendí a lloriquear y gemir como un cachorro.
Ahora toca trabajar, dejar atrás la maldición Noriega, dejarme de lado, la oquedad, vacío... La implosión de una estrella, la paz de una esterilla...
No me he sabido expresar, basta con decir que siento mucho no sentirme un hombre, menos un niño y que algo nacerá de la implosión, no solo hay polvo estelar en mi espacio sideral. Pero este espacio está lleno de los polvos que dejó tu estrella... Estelar en mi vida, sideral o sidral, aún no lo sé...

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