El Sónar día a día (jueves)
Crónica jueves
Se empezaba
con buen pie con el cambio del Sónar de día, todo era mucho mejor. Al fin,
nosotros, decenas de miles, podíamos escapar a ese preciosismo clautrofóbico
del MACBA que cada año nos apretaba más y más. Las primeras sorpresas positivas
en directo eran las de Francesco Tristano, Mykki Blanco, Lindstrøm & Todd Terje y, claro, el inenarrable hecho de ver el
regreso electrónico de los legendarios Pet Shop Boys.
No puedo dar una crónica de cada uno de los
conciertos, a riesgo de parecer pedante y distante, solo me limitaré a
obsequiar con nombres e impresiones personales y, como siempre, gracias al buen
hacer de mil periodistas musicales de 27 países que vienen cada edición para
trabajar y, de paso, hacerse un homenaje (o a Hunter S. Thompson).
Vi cosas interesantes y que se movían entre
unas tendencias y otras, quizás eran contrastes entre la tranquilidad rural y
la locura urbana, lo orgánico y lo industrial: Wooky y Videokratz hicieron de
día que la gente escuchara. Luego, Fantastic Mr. Fox en el Village, antes nos
hubiera hecho buscar sombra y escuchar plácidamente, pero parecía que quería
jugar y el británico logró interrumpir a todos los que tenían pensado sentarse,
mezclo temas en directo con algunas cosas de su set. Fue un melódico calentón
que dejó claro que cada vez gusta más esto del Sónar de día.
Y, desde Finlandia, todo lo que se nos presenta
merecé atención, así pasó con el controvertido Jimi Tenor, que vimos como daba ejemplo
proporcionando funk y disco a todos los que iban a eso; a entregar un poco de
uno mismo y dejarse llevar apretando el cuerpo de un show tras otro. Aquí el
single, Karaoke King fue, con diferencia,
el más groovy y trajo esa nostalgia hedonista a flote. Esa seguridad de que las
feromonas lo invaden todo en este festival que de día y con estas temperaturas
tenían a la población hetero de lo más predestinada a la desolación onanista y a
cierto resquemor escrotal.
Luego un tal Evol trajo del pasado lo mejor del
acid house. Gold Panda hizo algo muy académico y nocturno a plena luz del día,
un house muy deep que hubiera quedado mejor más tarde. Vimos ese día a
Sébastien Tellier que, más que una música que evocará a aquella “La
Ritournelle”, salió con aires de estrella de pop
electrónico y decía cosas raras en francés entre canción y canción.
En el Complex se tratan cosas más obscuras y
experimentales, Francesco Tristano tenía espectáculo nuevo para este año, Piano
2.0, proyecto que intenta mezclar
estilos y épocas, y va del barroco al techno, del jazz al club. Muy interesante
la sesión. De día, quizás el mejor cambio, es el sonido del SónarHall. Por
ejemplo el rap queer de Mykki Blanco
que llegó con todo su entourage al escenario para regalarnos ese poder de un
rap sin bling, en un escenario teatral, con cortinas enormes de un rojo
aterciopelado, muy lyncheano.
El regreso de Metro Area, después de una década
sin tocar juntos, fue todo un placer, comprobamos que sus remezclas han ganado
actualidad o no han envejecido, quizás la mejora sonora de los escenarios del
día han tenido bastante que ver con la sensación de estar presente ante un
importante suceso musical. A pesar de los rostros de tensión y concentración,
el show de los neoyorquinos resultó de lo más placentero para el público. La
realidad vencía una vez más a la nostalgia, y pasa siempre en este
festival.
Y si se llama festival de “Advanced Music y New
Media Art” es por algo, la vanguardia siempre nos toca y confunde. Así salieron
Pascal Comelade y Ricard Pinhas, su colaboración, fue cosa minimalista, que
tocó el noise o krautrock, como muchos conciertos del Complex, donde hay
sorpresa, vanguardia, psicodelia, experimentación, Música capaz de producir
epilepsia y que se crea y se destruye y se transforma…
De vuelta a la luz, salieron Lindstrøm y Todd Terje, que sabían que se podían ganar a
los barceloneses con su nuevo single “Lanzarote”.
Intentaron interactuar y dar esa sensación o concepto de música en directo de
baile. A cuatro manos hicieron uso de sintetizadores, pads y efectos varios que
no dejaban a nadie indiferente; resaltar su afán por soltar percusiones y darle
ese toque veraniego que bien se merece cada edición de un festival que parece
ser más fiable que la meteorología local en cuanto a inaugurar el verano se
refiere. Su cierre con Whitney Houston, “I
Wanna Dance with Somebody (Who Loves Me)” fue una declaración abierta de
que habían venido a pasárselo lo mejor posible, dándoles a los presentes todas
las razones para pedir un poco más al final. Efectista y necesario.
The night is here
Y se hizo la noche. Y
corre a la Fira
de Espanya, date una ducha francesa y llega puntual para ver el warm up de
Ángel Molina (una institución en los veinte años de festival, tan asiduo que es
casi Dj residente) sesión previa a los legendarios Neil Tennant y Chris Lowe. Autores de temas que sonaron encadenados como “It’s a Sin”, “Go West”, “Always On My Mind”, “West End Girls”. Y repetirán concierto el sábado. Los expertos
dicen que hay una parte de su repertorio donde pierde fuerza su directo; puede
ser que se dejen todo para el final. Además, eso pasa cuando organizas algo
como el anterior “Pandemonium Tour”. La noche acabó con este primer concierto
de los Pet Shop Boys, que se repetiría el sábado.

