El Sónar día a día (sábado)
Cronica Sábado
La cosa iba de prisa.
Llegó el tercer día del Festival. Dispuestos a dar un directo inolvidable
salían Jurassic 5 y Vatican Shadow, que cada uno a su manera se dejó todo en el
escenario de noche. Para el tercer día se tenia la barrera psicológica de
superar a los 100.000 visitantes, el año pasado se quedó en 98.000. Sin
embargo, se saldaría con 122.000 personas, ¡Zaz!. Es extraño, juraría que el
año anterior habían más personas, pero los cambios de la sede del día y los
logísticos en el recinto de la noche convirtieron el festival en todo un placer
para la libre circulación entre bailes, culturas, genraciones, estilos y
subidones provocados por cócteles varios de drogas duras y blandas para deilete
del público del festival.
This
is the day, the only day my friend
El día fue in crescendo y el tono se fue volviendo
de final de fiesta. La atmósfera se cargó al saber que se acababa el día y que
la noche sería larga. De día conocimos el trabajo de Lost Twin en el escenario
del Village, y nos hizo empezar a beber con un tipo de beats hechos para
acompañar al comienzo de la jornada. Otra novedad, algo más colorida, fue Skip
& Die, una sudafricana que hace saltar al ritmo de temas como “Riots in the Jungle”, “Cumbia Dictadura” o “Love Jihad”. Un abrazo entre ritmos
africanos y dubstep que fueron comienzo de un día que daría miles de razones
para seguir bailando y escuchando en directo lo mejor de la música más nueva del
panorama mundial. Está claro que el festival, después de 20 años, es sólido y
se puede permitir todo tipo de sorpresas.
La cosa empezaba a tomar aires de rave con la siguiente actuación de Mr.
Beatnick, a las cuatro de la tarde parecía ser la madrugada, los temas se
volvieron un repertorio que alternaba cosas tan necesarias en este festival
como el deep-house, soul, hip hop, grime, R&B y así nadie pudo tener una
queja ante esta sesión apoteósica a una hora como las cuatro de la tarde.
Y más cosas,
Fatima Al Qadiri, Beardyman, Jackson and His Computer Band, Chromatics, Felix
Kubin & James Pants, Dinos Chapman, Darkstar, AlunaGeorge, Samaris, Vatican
Shadow, TNGHT. Uno de los mejores
días del festival o, bueno, quién sabe. No hubiera importado seguir con el
Sónar de día el domingo, esperemos que algún día sea posible un domingo de
Sónar.
Por ejemplo, de día, vimos a la sudafricana de Skip & Die, resultó
bastante agradable la mezcla y colorido atuendo. Sacó “Riots in the Jungle”, y, listo, el hechizo cumbiero electrónico se
fue apoderando de la sesión. Pero lo que hizo Chromatics marcó a muchos
también. En otros conciertos el césped se llenó de bailarines, y eso que este
año sí hay espacio para el baile matutino. Y es que de dia queda perfecto la
mezcla de techno, beatbox, jungle y un toque justo de dubstep. Otro que
sorprendió por la propensión a sonar más bailón fue Beardyman, como pasó a
muchos que comprobaron escenarios llenos de personas dispuestas a aprovechar el
nuevo espacio de esta edición.
Pero de día también hay cosas menos bailables y encantadoras o imposibles,
cosas en donde el new media art y las tecnologías más avanzadas abrazan a todo
tipo de ideas. La exploración musical es una parte grande del festival. Esto
fue lo que hizo Jackson Fourgeaud, conocido como Jackson and His Computer Band,
en un escenario obscuro y acortinado hizo una demostración de un techno obscuro
y muy electrónico, a cargo de su computer band, como no. Se dejó temas de su
primer disco, demasiados, quizás esto fue lo que lo hizo más sobrio.
De vuelta al sol, una de las sorpresas de esta edición, el grupo de
Seattle, Chromatics. Sus canciones encajaron perfecto en el día soleado y
sacaron temas que nos recuerdan directamente a Kate Bush o Bruce Springsteen,
como “Running Up That Hill (A Deal With God)” o “I’m on Fire”, respectivamente.
Ella, Ruth Radelet, se llevó toda la atención, pero fue agradable ver cómo la
voz de Adam Miller llegaba a todos y aparecía cantando “These Street Will Never
Look The Same”, y así acababan su tour por Europa con ganas de dar un concierto
magistral.
Algo exclusivo, raro, curioso: escuchar al controvertido y genial pintor
contemporáneo Dinos Chapman. Concierto único de un disco que grabó en su
sótano. Luz, imagen y sonido para presentar “Luftbobler”, ¿Por qué no pinta y se
divierte y, en cambio, se dedica a hacer electrónica experimental e industrial?
Eso no lo sabe nadie, el declaró: “con el arte me duele la cabeza, con la
música me duelen los oídos”.
Y seguía el día con AlunaGeorge, una guapa cantante que tiene gran
seguimiento del público y que se llevó gran parte de la atención del día.
Además de sabia y natural al interpretar, llevó percusiones reales para darle
un aire nuevo al directo de su tema “Your Drums, Your Love”. Demostró que su voz en vivo es hermosa, George no paró de centrarse
en el teclado, arreglando in situ y sin olvidar nada de un concierto que
parecía ofrecer un hit tras otro. Además de lo mejor del repertorio, cambiaron
por completo “White Noise” y lo llevó al R&B. Para cerrar con broche de oro,
y con cierto guiño a lo que impulsó a Aluna desde siempre, sonó fortísimo un
“This Is How We Do It” de Montell Jordan.
Otra cosa que se repite, siempre hay alguna maravilla musical de Islandia.
Desde Reykiavik llegó Samaris. Un grupo poco conocido que tiene un futuro prometedor,
como todo lo que parece provenir de Islandia. Sonaba a techno mimimal, paisajes
que dan frío, que nos recuerdan el invierno en su tierra. Cierta mística
orgánica y etérea, un lacerante clarinete, y letras de canciones que son
adaptaciones de poemas islandeses de hace dos siglos, la voz de Jófríður
Ákadóttir, mezclada en ese delicioso downtempo que también se agradece por ser un
momento raro y “especial”.
The last night
Como ven no todo es
baile, prueba de esto la epatante actuación de Vatican Shadow. Es el trabajo de
Dominick Fernow, una crítica musical e industrial a la sociedad de occidente,
haciendo hincapié en nuestro mundo a partir de la invasión de Irak. Obscuro por
vocación, es una música intersante, de hecho, se esperaba algo peor, cabe decir
que publica con un sello que se conoce como Blackest Ever Black. No eran pocos
los que bailaban y el artista comenzó a moverse desde su cabina de manera
frenética para hacer que la experiencia fuera más directa.
La electrónica de masas empieza a llegar a más y más estilos, por esto, la
caracterización y diversificación de las modas bailables electrónicas es un
poco complicada o imposible hoy en día. De cualquier manera, grupos como TNGHT
están en ese borde. Ambos, Mohawke y Lunice se encargan de dar un espectáculo
en el escenario con luz, bailes y graves enormes que acompañan a temas que no
dejan de ser una propuesta extraña y raver, creo que le llaman trap, un estilo,
que como el dubstep, parece encajar bien con este público más joven y
electrónico. Si bien no suenan como Skrillex, sus temas “Goooo” o “Higher
Ground” confirmaban por qué salen en los temas más escuchados de Spotify.
Y llego uno de los mejores directos de rap en el mundo. Y este año el
listón estaba alto, pues The Roots eran los invitados en este mismo escenario y
esta misma hora hace un año. Quedó clarísimo que los directos son aún una cosa
muy seria para Jurassic 5. Precursores de todo lo que ha sido el hip hop con
flows electrónicos y ese aire old school y que se mantiene vigente y es
referente para músicos y personas que quieren conocer mejor los orígenes del
hip hop.
Un grupo local que quiere reinventarse y ser más enérgico y bailable es
Delorean, concierto al que me acerqué después de años de no escucharlos. Las
canciones del nuevo disco parecían estar hechas para celebrar el aniversario,
pues pretendían mover al público con graves y ritmos que pretendían dar un aire
distinto, menos local o balear. Parece que se han propuesto volver con más
fuerza y con ganas de seguir haciendo ruido, en México empiezan a ganarse un
sitio también. Temas antigüos fueron los momento cumbre, como “Subiza”, “Real
Love” “Stay Close”.
Luego, turno de Ed Banger 10, que ofreció una fiesta musical y deleite
visual que no dejaba de encadenar temas que estaban destinados a moverlos a
todos a base de temas pensados para dar una fiesta dedicada a los diez años del
catálogo del sello parisino. En un escenario que ya había calentado el siempre
funky, boogie y disco: Breakbot, parte de Ed Banger Records (como Justice) con
un concierto lleno de bajo, de baile y sonido ochentero en pleno escenario del
SónarPub de noche. Estos conciertos encadenados trajeron momentos de calentura
nostálgica bailable con remixes de temas ajenos que fueron el final de Busy P,
jefe de Banger Records con su remix del mítico “We Are Your Friends” de Simian
(Justice se hizo famoso por el de “Never Be Alone” de Simian también), o “Be My
Baby” de Ronettes y “Ain’t No Mountain High Enough” de Diana Ross.
Y el momento de mayor circulación y de retomar lo que uno está tomando. En
un escenario el DJ set de Justice, en otro 2manydjs, que este año tenía que
cubrir a Soulwax. Se dedicaron a dar fiesta y baile con temas nuevos como
“Giorgio By Moroder” de Daft Punk, o “Supernature” de Cerrone, o “White Noise”
de Disclosure o “Push” de Tiga. Efectividad que competía con el llamado de
Justice, la única cosa en un festival así que puede acopiar a tantas personas
alrededor de una cruz.
Y parecido al año pasado, salieron Hot Natured, que hacían el papel que
hizo Azari & III, congregando a los británicos y dando tempos más melosos y
de clubber experto, parecía un after en alguna isla nocturna de las Islas
Baleares, de hecho, el resultado en el público que no los conocía era preguntar
a algún británico sobre el grupo que estaba dando una sesión que necesitaba de
portero de discoteca y todo. Paco Osuna (otro Dj casi residente) se juntó con
el legendario Richie Hawtin e hicieron una sesión inolvidable y dinámica.
Mientras tanto, en el SónarClub, otro de los platos fuertes, Paul
Kalkbrenner vino a presentar un directo que buscaba consentir a los que estban
por ahí a esas horas para degustar ese toque de techno de Berlín que lo ha
hecho un referente. El final apoteósico con el tema de “Sky and Sand” será uno
de esos momentos que ni toda la mezcla de drogas puede hacer que se olvide,
tema que es prueba de esos momentos de unión y sentimiento que tiene la música
electrónica.
Y todo terminó en los brazos de Laurent Garnier. Sonó una de sus canciones
del año pasado, la misma canción que me convenció que no era normal percibir
estos decíbeles con tanta fuerza y maestría digital, amplificados hasta el filo
de lo melódico y lo audible, destinados a seducir a los millones de expertos
que disfrutan de una manera más electrónica de vivir la vida. El cierre fue muy
parecido al año pasado, pero como dije antes, en este festival la realidad
siempre acaba superando a la nostalgia.
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