El Sónar día día (viernes)
Crónica Viernes
De noche la
cosa era llegar temprano, ponerse gafas de 3D, y dejarse llevar por la puesta
en escena de un grupo con más de cuarentena años y que son considerados el
origen de esto de la música electrónica: Kraftwerk hoy sigue en pie y en 3D, este
era el mayor aliciente para ir este año, el gran reclamo del vigésimo
aniversario. Al menos estaban todos los que llevan décadas en esto y no caen
seducidos por la música electrónica bailable para masas, que tanto está
cambiando hoy el panorama electrónico. Y que provoca un irresuble debate
identitario-electrónico… En Sónar 2013 la exquisitez y la variedad tuvieron a
sus paseantes de aquí para allá. Comienza un vano intento de sintetizar el
festival con más sintetizadores. Sónar 2013 para la Mosca.
Crónica de día
Sí, sí, sí…
Muy bien eso de estar de festival en el centro de Barcelona, en el recinto
callejero del MACBA, el museo de arte contemporáneo de la ciudad, muy bien
tener todo ese comercio y ocio… Pero está crónica no entrará en la rutina de
“antes era…”. Este año, el cambio de ubicación a la Fira de Montjüic es un
acierto por razones obvias. Se ganó espacio para bailar y relajarse, mejor
comunicación, mejor sonido en los escenarios, mejores escaparates. Se pudo
potenciar el Sónar+D, que es una de las cosas más interesantes con todos
aparatos para crear música electrónica. Si el periodismo gonzo es una cosa
increíble y harto noble, la ciencia gonzo también; jugar con los robots
musicales de día, y escapar un poco de ese verano que parece que llega
exclusivamente para tres días de festival.
Además de este pacto táctito que tiene el Sónar
con las temperaturas más elevadas y los primeros días de invasión playera a las
costas catalanas, este año celebraba sus 20 años. Y qué mejor manera que
cambiando el recinto de día. Antes, a menudo, te quedabas fuera, parado de
puntillas, con la esperanza de ver algo y escuchar unos beats que venían
reverberados por las paredes y, claro, con tan poco espacio, caminar era oler
al prójimo y los tocamientos espontáneos estaban a la orden del día. Esta año,
el SónarHall de día presentaba uno de los escenarios más poderosos de todas las
ediciones, enmarcado en sus aterciopeladas y rojas cortinas. Sin embargo, para
más de un evento a puerta cerrada, el aforo se nos siguió quedando peuqeño.
Pero, claro, más de 15.000 personas de día, es lo que pasa.
Not so nice moments
Una
anécdota que convirtió a un esperpento en el/la protagonista del viernes, el
look declaradamente dispuesto a molestar modernillos, una música cercana al
ruido, un rap gamberro y unos alaridos a la altura de los ojerosos y desgorgojados “bailarines” que CHRISTEENE se procuro para esta
edición. No dejó a nadie indiferente, menos cuando sacó un dilatador anal para
ofrecérselo al público que, por desgracia, jamás olvidaría esta actuación. El
warm up raro, con travestismo y dejadez, lapiz labial corrido por toda la cara,
y esa apología de hacer del culo propio un papalote,
es decir, “get nasty”, como declara
al mundo en su hermoso tema: Fix My Dick.
Día de contraste, pues el público de Karftwerk convive
con el de Skrillex. La cosa es seria, y fue posible la convivencia
generacional, nunca habíamos visto una horquilla tan amplia que agrupara a
apasionados de la elctrónica. Cabe decir que Skrillex, anticipándose a ese
especie de boom que le acompaña entre los más jóvenes, supo dar a todos los
chavales locales el gusto de salir con la camiseta del Fútbol Club Barcelona,
con su nombre y su número, “Skrillex 666”. Y, Kraftwerk, como regalo a los más
jóvenes, tenía el aliciente de ver un concierto con gafas de 3D, las cuales se
seguían viendo por aquí y por allá en la cabeza de los participantes. Pero esto
era la noche.
De día. ¡Por fin!, Za! Este dúo de trompeta y baquetas, Za!, esta música
que lo abarca todo y que no opta por seguir los cánones de la música. Música
explosiva y errática que busca epatar al que la escucha, así suenan desde hace
tiempo por Barcelona en múltiples actuaciones. Canciones conocidas por aquí
como “Calonge Terrasa, Kalon-Jah! Tewra-ssah!” o “Gacela Verde”.
Otro grupo, La Bien Querida,
su canción me recuerdaa casa, suena “Queridos Tamarindos”. México en esta cosa
que no acaba de ser más que un synth-pop con algo de noise-rock obscuro, Sónar
buscaba destacar lo mejor de la producción local. Pero se trataba de animar al
respetable, y para eso salió Foreign Beggars, con una especie de hip-hop con
resgusto veraniego que iba abriendo el espectro hacia cambios más electrónicos.
Como es tendencia, la sesión fue derivando en ese dubstep que invade la escena
y obliga a moverse. No todo es baile en este festival, pero casi. Y este
concierto fue otro ejemplo.
Una sorpresa y recomendación es el trío de Viena, Elektro Guzzo, música
electrónica con alma y acompasada con genialidad y con esa capacidad de
utilizar sus herramientas al máximo. House que cumple con todos los cánones y
que en directo tiene este cambio más humano, tan necesario en las actuaciones
de Dj’s en directo.
Otro show en el Complex: cuatro personas: tres músicos y el poeta Eduard
Escoffet, que se lanza con fuerza a experimentar una especie de post rock
complejo y cambiante que permite intercalar e incorporar los versos de Escoffet
a la música de Bradien. Y la experimentación continúa con Diamond Version,
proyecto de Byetone y Alva Noto (o Olaf Bender y Carsten Nicolai). Una manera
científica y arriesgada de concebir la música, los dos años anteriores han
conseguido mover al público y han provocado sendo aplauso final.
Tratándose de un cumpleaños llegó Modeselektor, también asiduos y no suelen
decepcionar. Aunque este año empezaron un poco más tarde. Mejor, una vez
arrancado el espectáculo y la ofrenda de champán para los más bailarines de las
primeras filas. Era obligado utilizar el “Happy Birthday” para rendir homenaje
al festival o el “Evil Twin” para prender a sus asiduos. Luego se empezaron a
diveritir en el escenario y acabaron mezclando “Dull Flame of Desire” cantado
por Björk y Anthony Hegarty.
Y el cuerpo pedía más baile, y para acompañar al contoneo saldría Jamie Lidell
cargado de funk futurista y electrónico, salió dispuesto a cuidar todos los
detalles y dar beats que obligaran a recordar su actuación. Siempre le acompañó
el funk y no dejó de buscar al público en múltiples intentos de hacer ese
contacto que permite la música electrónica en plena luz del sol.
Llegaría la hora de presentar a estas leyendas locales de la música de
baile en Barcelona, Ángel Molina, Zero y César de Melero, los tres presentes
hace veinte años, los tres cada día más respetados y siempre requeridos para el
Sónar. Siempre efectivos. El público acaba dando la sensación de querer
arrancarles un poco más; eso o, quizás, este año se habían afanado en la
preparación para darse a conocer más con sesiones destinadas a los que no les
han escuchado en Sónar o en Barcelona.
Because
the night belongs to lovers (of EDM)
El viernes empezó con
sendas gafas de 3D blancas endosadas a un público ávido de Sónar de noche. Esta
noche, no sé por qué, pero fue así, Skrillex era lo que haría reventar el
cartel, las audencias y servir la polémica. El cambio principal del recinto de
la noche era el escenario final, quie cambió su orientación para mejorar la
circulación general. Se hizo la noche, salieron Kraftwerk que obligaba a llevar
gafas 3D psara disfrutar de su show, luego Bar For Lashes y Jurassic 5. Era demasiado
bueno todo, y demasiado variado el tipo de música y personas, el caso es que a
muchos nos interesaban los tres y fue difícil elegir a dónde ir.
Kraftwerk salió con su espectáculo que prometía todo a un público con gafas
de cartón, solo le faltó algo, ese momento en el que ellos desaparecen y se
convierten en robots. No sé por qué no se pudo producir esto. La expectación
era mucha, era temprano, las once de la noche y empezaba el pistoletazo que
inauguraba la noche del Sónar con un grupo que es el alfa de la música
electrónica en el mundo.
Una año más volvía Natasha Khan y Bat For Lashes que trató dar un concierto
suelto y dispuesto a calentar a un público que ya sabía lo que iba a encontrar,
sólo que este año mejorado. Otro que repetía este año era Nicolas Jaar, que
debutó en el festival con 20 años en 2011, cuando sacó su magistral (y obra
prima) “Space is Only Noise”. El año anterior lo hizo acompañado del
guitarrista Dave Harrington y se hicieron llamar Darkside.
Y la cosa empezaba a tomar ese aspecto de fiesta adolescente desenfrenada,
llena de baile profundo y metido en las drogas más variadas muy pronto. Dominó
el viaje de la mano a la bolsita de MDMA de muchos asiduos a la noche del
festival, se veía que este día el cartel pedía darlo todo, pues las personas,
de ahí de dónde vinieran, hoy, tenían una excusa para darlo todo. Así llegó el
momento del “Harlem Shake” con Baauer. Obvio, nadie quería escucharlo ya; y sin
embago, no paró de tener referencias en otras mesas de mezclas locas por la
fiesta que iban soltando harlemshakezazos
como esas cosas que se asemejan mucho a las coincidencias.
Es como si fuera el año de la música tipo “Harlemshakeish” y twearkeadora,
la entronación en la gloria a Skrillex como amo y señor de la EDM. Baauer sonó mejor
de lo que se esperaba, me sentí de vuelta en Estados Unidos un tiempo, había
gran afluencia de público gringo. Spring breakers en Europa, tienen mejores
modales que los de mi querido Cancún. Baauer se puso la toalla al hombro y no
paró de moverse al ritmo del beat y se olvidó de los audífonos y nos hizo
sentir a todos como si el spring break
si podía degenerar después de todo. Yo, que soy de Cancún, me sentía, otra vez,
en casa. Y qué bueno que salí de ahí y me dediqué al periodismo y las letras. Aprecié
a Baauer por dar un buen repaso de garage o grime y desmarcarse de un Harlem
Shake que evidentemente sucedió.
Y la fiesta no se acababa nunca en ese mismo espacio, a continuación, Major
Lazer para hacer una sesión durísima, digna de la mente de Diplo, cuyo único
tema lento fue el preciosista “Get Free” que contó con una improvisación ad hoc
que hizo que la canción sonara especial para esta edición del Sónar. No sé por
qué pasó, pero en este escenario, que sería de Skrillex en la madrugada, esta
música de baile llena de drops gruesos que enganchan a los más jóvenes estuvo
calentadísima por Major Lazer y Baauer, era como si ese día era el día del
cochineo, de ceder como adolescente a esos gigantescos drops digitales que
tienen a este californiano, Soony Moore, Skrillex en boca de todos los que
hablan del presente de la música electrónica de baile.
Afuera, para escapar de este spring break eterno y duro… Estaban propuestas
más tranquilas y sensuales. Más traquilo fue ver a C2C en el Lab. Más sensual
fue ver la repetición este año de Maya Jane Coles que hace un deep house harto
efectista y evocador que tiene esa capacidad absorbente y embelasente de la que
ya hizo gala el año pasado, como el tema “Everything” con la voz de Karin Park.
Otra buena opción para alienarse de esa locura electrónica juvenil era ver a
Two Door Cinema Club que, como hizo Metronomy o Friendly Fires el año pasado,
estaba ahí para generar preguntas sobre la incursión de estos grupos de
synth-pop rock en el festival. El coro que tenían sus canciones fueron la mejor
prueba de que los debates en gustos musicales son imposibles… y, aceptémoslo,
todo cabe en un Sónar sabiéndolo acomodar, y esto fue lo que el festival dio
este año.
Oh! Skrillex, tú que divides y unes por igual. Tú que metes la sierra y
rapeas de manera que el flow obliga, tú que pones al límite el dubstep como
nadie con una combinación de habilidad y cierta alevosía que da descubrir ese
nicho del techno electro rap serruchil que no deja de sonar épico, enorme,
devastador, terriblemente bailable. Claro, si bailas como el resto. Continuidad
de esos drops que, para entenderlos, hay que escucharlos con esta amplificación
decibélica. Este hombre no vino a experimentar, fue fiel a lo que se esperaba
de él y no dejó de dar un tono más local con su camiseta del Barça y el 666 que
le daba esa seguridad rapper de estar destinado a mover a todos con su
exagerado y efectista dubstep.
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