Les habla, su amigo y vecino, Espíderman, como dicen por aquí.
¡Me ha pasado de nuevo!, no sé por qué pasa, pero cada lustro sucede. Viene una araña que no veo nunca y me deja dos puntos que duelen... Pasa que el dolor no es desagradable, pero la hinchazón notable, sus puntos también, la toxicidad también. Una vez, en un Temazcal en Chiapas la araña nos pasó a todos por encima para morder a la señora que lo montaba. Esa fue la última araña que vi morder a alguien para darle ese golpe de adrenalina a un corazón que padecía un mal. Yo estoy bien, pero su picadura me da sensaciones raras, levedad del ser, cosquilleos raros en la corteza cerebral, manos que se duermen y la sensación de que un poco de su veneno ha llegado en forma de adrenalina a mi corazón, que está, gracias a la araña, batiéndose sin esa otra rarísima opresión. Y es que la vida es mucho más rara de lo que me parecía ayer. Les habla, su amigo y vecino, Espíderman, como dicen por aquí.
