Escritura automática en Sónar, final alternativo.

El corazón se auto asestó un súbito golpe seco al enfrentarse al tremendo vacío (o más bien precipicio, de precipitarse, perder la cabeza, y eso que hablamos del corazón) que había sido darse totalmente a la literatura y tal. Tanto miedo le dio ver que era esto lo que había venido a hacer, que decidió, paradójicamente, cobarde, quizás, vivir sin rendir cuentas a la literatura, y se las rindió todas en vida...

--Qué haces Mex --dijo, mientras escudriñaba sobre su hombro las palabras escritas arriba.
--Trato de postear algo que no sea de cortar y pegar, una voz que narre y cree una especie de ficción especulativa con mi realidad, que a nadie le importa.
-- ¡Y sobre qué es, eso es para Facebook?
-- Sí, ya sé. Quiero dar a entender que empiezo de nuevo, pero creo que posteo eso cada día y todos ven las orejas de lobo, pero nada de hocico, colmillo, sangre, eso es lo que quieren.
--Dales dientes, que es lo que les jode... --Interrumpió e irrumpió en estentórea risotada. Cuando él se recupero dijo:
-- Al final el mensaje se basa en el miedo de llenar el espacio en blanco. Manido recurso de escritor compulsivo.

Al decir estas palabras se sintió idiota y su concepción del espacio en blanco se atomizó y sintió eso que él llamaba guardar ese silencio que se asemeja a la estupidez; se detuvo en la idea de que la vocación de todo artista de verdad pasaba por amar (con pasión, así sea diarrea nerviosa, mini infartos, obsesión, pecho que se escapa, tembleques irracionales de miembros inferiores y demás señales de estar muy vivo). Entonces ella tomo algunas cosas que llevaba en papelinas y comenzó su baile que me distrajo sobre lo que iba a escribir. 





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