Mi silencio, aunque me hace mejor, me recuerda mucho a la estupidez
Me he dado cuenta. Tarde, como quise siempre, que las cosas me tenían que venir maduro, pues conozco de sobra mi tendencia compulsiva y obsesión maniaca una vez que quiero algo con todo mi amor. La cosa, es una mezcla de sensaciones, pues siempre anhelé comunicar y escribir y mezclar y componer y, tarde, ya sé, he decidido no privarme de nada y, en lugar de esperar a mi realización periodística en el peor momento, solo quiero avanzar creando. He visto que para escribir me sirve mi tendencia a pensar demasiado y mi conducta adictiva con las cosas que me dan algo especial; por lo demás he aprendido, tarde, que lo único que me va a llevar a donde quiero es haciendo. Así las cosas espero puedan entender que, como digo siempre, a partir de este momento, más real para el lector que para mí, he decidido volver a hacer lo que quiero hacer el resto de mi día (nótese el uso del singular). Singular, sí, así ha sido esperar a tener lo que quiero cuando mi cabeza y ese puberto deseo me hayan dejado pensar un poco mejor las cosas que tengo para conseguir lo que quiero.
Así las cosas, empezaré una comunicación más directa y frontal de eso que quiero compartir con ustedes y, a la vez, justifica todo lo que que acabo de escribir de forma automática, sí, así de intrincada y llenas de signos puntuación están hoy mis días, pues, como les explique, en mi caso, era escencial empezar tarde lo que desde muy temprano sé que es lo único que he querido hacer siempre.
Más detalles, más adelante...