Mi trance con el cáncer (seis años)
Benjamin Lacombe
La remisión de mi linfoma tiene su fecha indeterminada, pero sobre estas alturas del año. Y, hace...
Seis años desde que terminé mi última sesión química cerca del mar, los que me conocen bien, saben a qué me refiero. Gracias a todos (a la cadena de personas que me trató). Han sido los seis años más increíbles y plenos de mi vida y aún sigo pensando que es un regalo elegir cómo quiero vivir mis días aquí. Espero transmitirles esto a través de mi trabajo. Espero no cesar de trabajar y defender lo que "gracias a la vida" la muerte enseña. Gracias universo por nacer en una familia que amó por encima de sus posibilidades, y no me olvida en forma de tortillas, mole, chilorio, atole, chamoy, tamarindo, chile piquín, adobo, frijoles negros, bayos y blancos; rajas, epazote, flor de calabaza, sopa de tortilla, flor de cempasúchil (y el hongo del elote, que no me viene el nombre, ahora vino, "huitlacoche"); dulces picantes y el enorme amor que siente uno cuando vive desapegado. Pero, quién lo diría, sigo cambiando, jugando con la vida, atraído por las posibilidades que, en mi caso solo, me ha dado mi coqueteo con la muerte. Por su amor, gracias. Y por la comida mexicana, doy mi vida. Ergo, a la tierra donde he sido feliz no debería tratar de volver... Pero soy tauro, emperatriz, sol galáctico, cerdo y no creo mucho en mí.
La remisión de mi linfoma tiene su fecha indeterminada, pero sobre estas alturas del año. Y, hace...
Seis años desde que terminé mi última sesión química cerca del mar, los que me conocen bien, saben a qué me refiero. Gracias a todos (a la cadena de personas que me trató). Han sido los seis años más increíbles y plenos de mi vida y aún sigo pensando que es un regalo elegir cómo quiero vivir mis días aquí. Espero transmitirles esto a través de mi trabajo. Espero no cesar de trabajar y defender lo que "gracias a la vida" la muerte enseña. Gracias universo por nacer en una familia que amó por encima de sus posibilidades, y no me olvida en forma de tortillas, mole, chilorio, atole, chamoy, tamarindo, chile piquín, adobo, frijoles negros, bayos y blancos; rajas, epazote, flor de calabaza, sopa de tortilla, flor de cempasúchil (y el hongo del elote, que no me viene el nombre, ahora vino, "huitlacoche"); dulces picantes y el enorme amor que siente uno cuando vive desapegado. Pero, quién lo diría, sigo cambiando, jugando con la vida, atraído por las posibilidades que, en mi caso solo, me ha dado mi coqueteo con la muerte. Por su amor, gracias. Y por la comida mexicana, doy mi vida. Ergo, a la tierra donde he sido feliz no debería tratar de volver... Pero soy tauro, emperatriz, sol galáctico, cerdo y no creo mucho en mí.
