Cuando vi a Roberto Gómez Bolaños
Cuando vi a Roberto Gómez Bolaños tendría ocho años. Fue en Cancún, él comía con su familia, y éramos vecinos. Me acerqué con la intención de molestarlo... Pero me hizo reír, él, ajeno a su comida familiar, me atendió, escucho cualquier cosa que le dije, y empezó a hacer su famoso "eso, eso, eso" y nos dedicó un abrazo y un beso. Luego, un poco más tarde, conforme hacía años, me di cuenta que ya no me hacía reír, desde entonces, y ante Televisa, empezó mi preocupación por ser inmune a la mayor parte de la comedia, así, el humor se revolucionó ante todos esos años de impavidez y gesto serio, incómodo, sobre todo por las risas enlatadas. El mero hecho de querer reír y no encontrar cómo hacerlo, aunque parezca una crítica, es siempre un empujón en tu dirección correcta, y por esta parte que le corresponde a la obra de Roberto Gómez Bolaños, estaré siempre agradecido.