HE APRENDIDO A HACER ALGO BIEN
Nuestra felicidad es proporcional al tiempo que tenemos para perder, gastar, dar un giro de tuerca a las cosas, reírnos o hacer muecas en el espejo e imitaciones en la ducha. Centrémonos en la sensación de electrones positivos cargados que suben por el plato de la ducha cuando rompe el agua caliente y nuestro silencio se electriza poco a poco y nace un tarareo, silbido, canción o risa; el cuerpo canta para ser feliz, generar dopamina, mejorar la respiración, acabar con el estrés y, para muchos, estar solos al fin; descubrir la reverberación de nuestra propia voz. Qué será esa arrobadora felicidad que nos desinhibe en la ducha, alegría que, sentirla al despertar, debe ser un logro muy grande. Pues así debemos empezar el día: con una sonrisa y por lo más difícil siempre. He aprendido a hacer algo bien y eso es reaccionar ante la adversidad. Dicho esto, a todo cerdo su San Martín, gora San Fermín y a correr que son 7 días y más cornadas da el hambre.
No concibo ni fracaso ni éxito en mi vida, ambos me han causado estragos y debo tratarlos con igual rasero (y sabemos que me muevo más cerca de la erótica del fracaso y encontrar flores en la mierda, así que es fácil dar con un tesoro diario y permanecer fiel a mi vocación de que no se te vea mucho venir). Ahora vengo.
No concibo ni fracaso ni éxito en mi vida, ambos me han causado estragos y debo tratarlos con igual rasero (y sabemos que me muevo más cerca de la erótica del fracaso y encontrar flores en la mierda, así que es fácil dar con un tesoro diario y permanecer fiel a mi vocación de que no se te vea mucho venir). Ahora vengo.
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