Y YO PINCHÉ UNAS DOS EN CONTRA DE ELLAS...

La divisó entre 300 personas, esos shorts, tanta atracción hacia la cadencia y movimientos que anticipaban sus juegos con los bombos y transiciones sin sincronizar. Él estaba en una cabina seria, aunque en secreto ponía vinilos solo para ella, algo que un dj profesional no debe hacer; pero si se salía con la suya, una vez más, le demostraría que era capaz de enamorar a los demás con su cabeza, también dada a cargas desmedidas de inacción y tristeza y búsqueda de redención en aventuras pasajeras. Sanar (se) a través de ella y, como siempre, engañar al respetable que ya no sabía cuando intentaban convencer o confundir con esta ecléctica mezcla de géneros con la intención más primigenia y animal que nos queda... Más por nostalgia a una fidelidad perruna, tender a un romanticismo exacerbado, los humanos deberíamos tener cola o, al menos, moverla más. Él solo sintió la necesidad de ascensión mundana, el trago de adrenalina que abría las esclusas del pecho, así dejar de estar al margen, de cocinar lento, apartarse de él y aportar sin los putos filtros una mirada aviesa, un rayo transversal; la búsqueda un cariño especial y más real que pasar por un buen o mal momento... Que la suma pensada de canciones los time a todos, también a él, que nada tenía que ver con ese idiota en la cabina que parecía disfrutar y tener la mirada perdida en el horizonte (ella), mientras se decía "solo estoy poniendo canciones de otras personas, debo de quitar esta cara de que es tan sencillo hacerlo aquí, haz como que tocas algo más". Tenía completa libertad, para poner lo que le pedían los demás, ya estaba visto, pudo ver cómo se acercaba mientras más dianas hacía y entonces desistí y empecé con sugerencias de otros. Ese juego sutil de pulsión y rechazo que tanto daño hace a los imbéciles como él. Y es que este cuento habla sobre una hipotética bailarina advenediza que excentraba y solo excitaba la buena música y gente guapa, una metáfora sobre el ego y un cuento sobre el estúpido pedazo de alimaña e infrahumano mundo en que vivo. Moraleja: habrá miles de géneros, pero hay dos tipos de música: la buena y la mala. Y seguiremos la búsqueda de flores en la basura, como las que hay escondidas en este texto de mierda.

Alberto Noriega
Periodista, prostituta y artista

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