Los escritores que no escriben odian profundamente al mundo

“Escribir es una actividad solitaria. He intentado escribir rodeado de personas, pero me distraen muchísimo”



  1. Horror Vacui


Había dejado de escribir por completo. Escribir era algo solo comparable a perder las vista en cada ventana. Ya no era un vicio, ejercicio, oficio o me daba algún beneficio (aliteración). Se había vuelto contemplación desde el descontento. Ahora intento explicarlo, la importancia de la ventana. La noción de que no es una ventana, es un túnel de gusano por el que se agolpan y acompasan palabras, piden que les den paso, buscan convertirse en una mancha de sangre química en papel. Los ojos se funden en un borroso punto de escape. Se pierde el foco. Somos nosotros los que somos observados por la ventana y cualquiera que sea su cambiante perspectiva que nos subyuga. Las palabras salen desde atrás de los párpados, en forma de cosquilleo que aspira a convertirse en una estruendosa risotada.


Pero hace años el cosquilleo es nulo. Nada. Justo lo que hago. Sin obstante, cuando hay vocación, formación, intuición, ambición, fruición y figuras retóricas que abrazar y falacias que rebatir… Entonces no escribir duele. Y mucho. La idiótica capacidad de arrejuntar palabros. El problema no es no escribir, lo que anula y duele es no saber más el porqué o para qué. Yo ya no sé para qué escribo, sé que hay siempre un para quién. Y aquí estamos… Tú y yo.


II. Diálogos


-Tú, todo el día sentado junto a la puta ventana. ¿Puedes concentrarte así?
-Sí, hoy está nublado, hace frío. Prefiero que la ventana tenga un aire lóbrego. Cuando sale el sol y las flores, escribo: “tenía que escribir, pero siento que no aprovecho los días”. Y viceversa.
- Nunca has sabido vivir cada cosa a su momento. Siempre has sabido qué decir y cómo desvivirte sin vivir bien. ¿Y sobre qué vas a escribir? El mundo odia a los escritores que escriben que no escriben. Al menos yo sí. Y te lo digo por que te quiero.
(fruncen el ceño)
-Y los escritores que no escribimos odiamos profundamente al mundo. Por eso no nos compensa seguir…
-¿En qué sentido seguir?
-Seguir… A veces no queremos seguir. Si no podemos seguir con un párafo. Imagínate con las parrafadas que nos sueltan desde todas partes, todos los días, a todas horas, ahora… Es imposible escribir con tantísimo ruido.
-Lo dice el de los tapones, los cascos, la estática, el white noise, la música, las horas encerrado en un zulo. El ruido, querido, eres tú. Atrás quedó la claridad que te granjeó una voz propia e irreverente. Te diferenciaste y te acogieron rápido, sí, pero pensabas que te lo merecías todo. No deberías esperar a nadie para que te salve. El talento en esta neo Edad Media no es lo que más importa, eso no lo entendiste ni lo has entendido. Concibes el proceso como algo agónico.
-Sí. Pero no fue el saberme talentoso. Fue la impotencia y la carencia. El desapego a ciertas páginas, medios, maestros y mentores; la pulsión por la muerte y la bohemia, ya ves. Me hubiera salvado de no haber elegido el periodismo. Tenía ganas de escribir. Nunca imaginé que el periodismo sería algo tan desalmado.   

 




Alberto Noriega además de un tanto pinche y pendejo es:
Periodista, escritor, diseñador. Redactor y traductor en inglés, catalán, castellano y francés. Experiencia en festivales musicales, colaborador en medios impresos, digitales, radio y comunicación corporativa. Especialización en investigación, comunicación estratégica, divulgación científica, cultural, musical y estilo de vida.

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